Todo eso era yo

Era un día caluroso, sólo se veía un árbol en la lejanía, yo lo veía desde aquí, el árbol no tenía hojas, sus ramas en formas caprichosas estaban quietas y silenciosas.

Yo no sentía miedo ni pena, sólo lo miraba como quien se ve en el espejo a través del tiempo, ¡con asombro!

Yo también estaba quieta, me sentía muy pequeña, muy lejana, no hablaba, ni siquiera pensaba.

Yo era parte de aquel día caluroso, de aquella lejanía, de aquel árbol sin hojas, de aquella quietud silenciosa.

Todo eso era yo, porque yo ya estaba muerta.

Lilia Morales y Mori
No. 47, Julio-Agosto 1971
Tomo VII – Año VIII
Pág. 207

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