Uno de dos

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A Ignacio Aguilar Marcué


Mientras como una guayaba pienso en él (o sea, en ti) y un sabor muy parecido al aroma de tu piel (o sea, a la de él) me despierta. Porque él debería saber (o sea, tú) que desde anoche que escuché tu voz (o su voz) caí en un sueño sin tiempo, sin luz y sin fondo. Él (siempre tú) me hipnotiza y tú me despiertas.

¿Quién de los dos va a hacerme suya?

Silvia Castillejos
No. 126, Abril-Julio 1993
Tomo XXII – Año XXIX
Pág. 143

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