Responso a Lanifur

13 top

Murió en el destierro; le tocaron, como a todos los hombres, malos tiempos en qué vivir.

Jorge Luis Borges
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 474

Anuncios

En el espacio

13 top

En el Tíbet viajamos mucho por protección astral —no por levitación— y todo el proceso está bajo nuestro control. Se hace que el ego abandone el cuerpo físico, aunque sigue conectado a él por medio de la cuerda de plata. Se puede viajar a donde uno desee, con la rapidez del pensamiento. La mayoría de las personas tienen la habilidad de hacer viajes astrales.

Lobsang Rampa
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 469

Lobsang Rampa

Lobsang Rampa

Lobsang Rampa

Tuesday Lobsang Rampa o Martes Lobsang Rampa, era el seudonimo para escribir sus libros, aunque poco tiempo antes había cambiado su nombre de pila de Cyril Henry Hoskin por Carl Kuon Suo [1948]. Nació en Plympton, Inglaterra el (8 de abril de 1910), y falleció en Calgary, Canadá el (25 de enero de 1981). Este escritor británico, fue autor de 19 libros sobre temas diversos; religión tibetana, ocultismo, aura, fenómenos paranormales, etc.

En su tercer libro, por ejemplo, declaró haber sido poseído por el espíritu de un lama tibetano fallecido. El nombre Tuesday (martes en inglés) está relacionado con la afirmación de que los tibetanos de clase alta son nombrados de acuerdo al día en que nacieron.

Lobsang Rampa fue un autor muy polémico debido a lo que escribió y declaro en sus primeros 3 libros, El tercer ojo (1956), El médico de Tibet (1959), y El cordón de plata (1960). En ellos cuenta lo que se supone es su autobiografía, como un niño tibetano, el cual es educado como un monje medico en el Monasterio de Chakpori, alcanzando el titulo de Lama y posteriormente de Abad de su orden. Posteriormente viaja a China antes de la Invasión del Tibet por el Ejercito popular de China en 1950. En China estudia Medicina en la Universidad de Chunking graduándose como Medico Cirujano. Aprende aviación por su cuenta. En China se tiene que desempeñar como oficial medico de guerra enfrentándose con la Invasión Japonesa a China derivada de la Segunda Guerra Mundial. Es capturado, llevado a Japón, interrogado y torturado por las tropas japonesas. Finalmente puede escapar de Japón, durante el bombardeo atómico de Hiroshima. Se interna en Rusia, viajando hasta Moscú, donde es capturado por los Rusos, internado en la Lubyanka, torturado y vuelto a interrogar. Por último vuelve a escapar cuando es deportado, y viaja por Europa hasta llegar a Francia y Reino Unido donde se embarca a Estados Unidos, entrando de manera ilegal. Finalmente viaja hasta Canadá.

Estos 3 primeros títulos de Lobsang Rampa se editaron primero en Idioma Ingles, y debido al éxito de ventas se tradujeron a muchos otros idiomas. Los primeros en castellano, fueron publicados por la Editorial Troquel de Argentina.

El tercer ojo

En noviembre de 1956 se publicó en el Reino Unido El tercer ojo, su novela más conocida. Intentaba contar sus experiencias mientras se criaba en un monasterio del Tíbet tras ser enviado al mismo a la edad de 7 años. El título del libro está tomado de una operación, en la cual un tercer ojo es abierto en la frente de Rampa, supuestamente dándole el poder de la visión del aura.

A lo largo del libro, Rampa describe su educación como monje tibetano, describe el viaje a las tierras altas del Shamballa, y se cruza con el yeti. Al final, encuentra un cuerpo momificado que perteneció a él mismo, en una anterior encarnación. También toma parte en una ceremonia de iniciación en la cual aprende que durante su temprana historia el planeta Tierra fue golpeado por otro planeta, causando que el Tibet fuera el reino montañoso que es hoy.

El manuscrito de El tercer ojo había sido rechazado por las principales editoriales británicas antes de ser aceptado por la editorial Secker and Warburg, con un adelanto de 800 libras. Antes de la publicación Fredric Warburg se encontró con el “Doctor Carl Kuon Suo”, aparentemente ligado al autor del libro y fue intrigado por su personalidad. Warburg envió el manuscrito del libro sin publicar a cierto número de estudiosos, muchos de los cuales expresaron dudas acerca de su autenticidad. No obstante el libro fue publicado en 1956 y pronto se convirtió en un éxito de ventas.

El libro fue un gran éxito de ventas en toda Europa y sirvió para popularizar el budismo entre muchos europeos que creyeron de buena fe la historia.

El explorador y tibetologista Heinrich Harrer, preceptor ocasional del actual Dalai Lama, no se hallaba convencido sobre el origen del libro y contrató a un investigador privado de Liverpool llamado Clifford Burgess para investigar a Rampa. Los hallazgos de la investigación de Burgess fueron publicados en el diario Daily Mail en febrero de 1958. El autor del libro era Cyril Henry Hoskin, nacido en Plympton, Devon en 1910 y que era el hijo de un fontanero y nunca había pisado Tibet. Hoskin nunca había estado en el Tíbet y no hablaba tibetano. En 1948, había cambiado legalmente su nombre al de Carl Kuon Suo antes de adoptar el nombre de Lobsang Rampa.

Rampa fue rastreado por la prensa británica hasta Howth en Irlanda y confrontado con tales alegaciones. No negó haber nacido como Cyril Hoskin, pero declaró que su cuerpo se hallaba ahora ocupado por el espíritu de Lobsang Rampa. De acuerdo con su tercer libro, La historia de Rampa se había caído de un abeto en su jardín en Thames Ditton, Surrey mientras intentaba fotografiar un búho. Contusionado, mientras permanecía inconsciente había visto un monje budista en su túnica azafrán que caminaba hacia él. El monje le habló acerca de Rampa y de tomar posesión de su cuerpo y Hoskin aceptó, alegando que estaba insatisfecho de su actual vida. Cuando el cuerpo original de Rampa se tornó demasiado viejo para continuar, retomó el cuerpo de Hoskin.

Lobsang Rampa continuó escribiendo otros libros, mezclando religión, clarividencia, fenómenos paranormales y ocultismo aunque ninguno alcanzó el mismo éxito del El tercer ojo. En uno de los libros, Living With The Lama, declaró haber sido dictado telepáticamente por su mascota, el gato siamés, Mrs. Fifi Greywhiskers. Enfrentado a las repetidos ataques de la prensa británica, que lo tildaba de farsante y charlatán, Rampa se fue a vivir a Irlanda, luego a Montevideo,Uruguay y finalmente a Canadá a fines de los años 1960. Él y su mujer San Ra’ab se convirtieron en ciudadanos canadienses en 1973.

El fraude no le quitó ni un ápice de popularidad, ya que siguió escribiendo una secuela tras otra de su historia, hasta que acabó emigrando a Canadá donde murió en 1981.

Aún hoy, las librerías siguen vendiendo sin problemas su historia como verídica. “Lobsang Rampa” sigue siendo un negocio incluso en internet, donde diversas páginas siguen explotando el negocio del falso lama tibetano probablemente porque su mentira, el Tibet idílico que fabricó en sus fantasías, está cerca de las mismas fantasías que muchos quieren creer y explicaría también buena parte del éxito de la solidaridad con Tibet que sienten no pocos occidentalesLobsang Rampa murió en Calgary el 25 de enero de 1981, a la edad de 70 años[1].

Viajes astrales

13 top

Se ha escrito mucho sobre la levitación. Es posible, como ya he dicho, pero exige mucha práctica. No hay necesidad alguna de rectificarla, dado que hay un sistema mucho más fácil. Los viajes astrales son más fáciles y más seguros. La mayoría de los lamas los practican, y cualquiera que esté dispuesto a tener un poco de paciencia puede entregarse a este arte útil y agradable.

Lobsang Rampa
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 468

Vathek

13 top

Vathek Harún Benalmotásim Vatiq Bilá, noveno califa abbasida, erige una torre babilónica para descifrar los planetas. Estos le aseguran una sucesión de prodigios, cuyo instrumento será un hombre sin par, que vendrá de una tierra desconocida. Un mercader llega a la capital del imperio; su cara es tan atroz que los guardias que lo conducen ante el califa avanzan con los ojos cerrados. El mercader vende una cimitarra al califa; luego desaparece. Grabados en la hoja hay misteriosos caracteres cambiantes que burlan la curiosidad de Vathek. Un hombre que luego desaparece también, los descifra: un día significan: “Soy la menor maravilla de una región donde todo es maravilloso y digno del mayor príncipe de la tierra” Otro: “Ay de quien temerariamente aspira a saber lo que debería ignorar.” El califa se entrega a las artes mágicas: la voz del mercader, en la oscuridad, le propone abjurar de la fe musulmana y adorar los poderes de las tinieblas. Si lo hace, le será franqueado al Alcázar del Fuego Subterráneo. Bajo sus bóvedas podrá contemplar los tesoros que los astros prometieron, los talismanes que sojuzgan el mundo, las diademas de los sultanes preadmitas y de Suleiman Bendáud. El ávido califa se rinde; el mercader le exige cuarenta sacrificios humanos. Transcurren muchos años sangrientos: Vathek baja hasta el fondo del mundo. Una silenciosa y pálida muchedumbre de personas que no se miran, erra por las soberbias galerías de un palacio infinito. No le ha mentido el mercader: el Alcázar del Fuego Subterráneo abunda en esplendores y en talismanes, pero también es el infierno.

William Beckford, según Jorge Luis Borges
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 452

Imaginación

El agente de tránsito silbó y el conductor se detuvo. Lo primero que le pidió fue su licencia de conducir y la respuesta fue que la “había olvidado en casa”. El oficial echó un rápido vistazo a la parte delantera y luego otro a la trasera del auto dándose cuenta que carecía de placas. Entonces le pidió al conductor los documentos del vehículo, a lo que éste contestó que no los llevaba. Imaginando algo fraudulento buscó las calcomanías gubernamentales en el parabrisas, pero no las había: es más, tampoco había parabrisas. Buscó en los otros cristales, pero tampoco estaban, ni había otros cristales. Quiso ver entonces las plaquitas de identidad de fabricación en el marco de las puertas, pero no había ni plaquitas ni puertas. Ordenó al conductor entonces abrir el cofre para ver el número de registro del motor, pero el auto no tenía cofre, ni motor y por lo tanto no había número alguno. Desesperado quiso anotar la marca del auto, el modelo y el color. Pero era imposible identificar la marca, así como tampoco el modelo ni el color. En el colmo de la exasperación buscó las llantas para anotar al menos su medida, pero tampoco tenía llantas. Desconsolado, enojado y rabioso, rompió su libreta de infracciones y se sentó en la banqueta a llorar amargamente. Mientras, el exconductor ponía tierra de por medio, alejándose rápidamente por el camellón de la avenida, con pasos cortos y silenciosos, sin dejar de volverse a ver a aquel extraño oficial de Tránsito.

J. Ángel Pineda Reyes
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 801

La cabaña

Raúl llegó a la cabaña de Olga y dijo:

—Ya llegué.

—Mucho gusto en conocerte —respondió Olga.

—¿Conocerme? ¿Después de 10 años de matrimonio?

—Las diosas no se casan.

—¡Qué extraña estas hoy! —dijo Raúl acercándosele y al verla gritó:

—¿Qué te pasó en los ojos?

—Las diosas no tienen ojos.

—¿Diosas? De qué estás hablando, ¡déjame, estás helada!

Olga lo abrazó con desusada fuerza para una mujer. Raúl gritó y al echar la cabeza hacia atrás sintió un dolor muy intenso en la garganta ¡Olga le cercenaba la yugular con los dientes!

Antes de morir vio cómo chorreaba sangre de la boca sonriente de Olga.

Olga despertó sobresaltada: se había dormido en el bosque, ¡todo había sido un sueño!, pero aún temerosa llegó corriendo a la cabaña de Raúl y dijo:

—Ya llegué…

—Mucho gusto en conocerte —le respondió Raúl.

—¿Conocerme? ¿Después de diez años de matrimonio? —se escuchó decir a Olga sin poderlo evitar…

 

C. Rentería A.
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 797

Viaje sin escalas

Con frecuencia sentíase transportado a un mundo fabuloso cuyo astro matizaba cada aurora con un tono distinto; sobre los vastos jardines los pájaros dibujaban amalgamas de notas y colores.

La felicidad constituía en ese mundo, patrimonio de sus habitantes; el egoísmo, la corrupción y el odio habían sido desterrados para siempre.
Justificábase, pues, la impaciencia del viajero por llegar a su destino.
Inesperadamente, ya en el octavo mes, su madre y él fallecieron a consecuencia —según certificó el ginecólogo de una sobredosis de LSD.

Jorge A. MORA-SAN
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 793

Premio

Oímos la voz dentro del cerebro:

“… reciban este presente del mundo inmaterial: una puerta”.

“No es una puerta común, ésta los lleva a un lugar maravilloso, ahí recibirán lo más preciado por nosotros: las sensaciones”.

“Podrán saber lo que es el temor, la depresión, el enojo y la avaricia; conocerán el dolor, la apatía, los celos y la maldad; los invadirá la ira, la tristeza, la angustia, y la codicia; sabrán lo que es la vanidad, la lascivia, la gula, y la más grande de las sensaciones: la de matar…”

La voz calló, nuestros cerebros ya no retumbaron, abrimos la puerta y vislumbramos el mundo que nos habían ofrendado. Eva me habló ¿vamos, Adán?

C. Rentería A.
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 785

¿Estimulante exagerado?

59 top

Tomó dos onzas de cubebas chinas, una onza de extracto grasoso de cáñamo jónico, una onza de cariófilo, una onza de canela roja de Serendib, diez dracmas de cardamomo blanco de Malabar, cinco de jengibre de la India, cinco de pimienta blanca, cinco de pimienta de las islas, una onza de las bayas de anís de estrella hindú y media onza de tomillo de monte. Todas estas cosas las mezcló con pericia antes de haberlas machacado y colado. Añadió miel pura, hasta que el conjunto se convirtió en una pasta espesa y a continuación mezcló con ésta cinco granos de almizcle y una onza de huevas de pescado molidas. Finalmente añadió un poco de agua de rosas concentrada y lo puso todo en un cuenco… diciendo: “He aquí una mezcla que endurecerá los huevos y espesará la savia, cuando se haga demasiado fluida… Has de comer esta pasta dos horas antes del coito, pero durante tres días antes de esto no has de comer más que pichones asados condimentados generosamente con especias, pescado macho con la crema completa y huevos de carnero ligeramente fritos. Si después de esto no horadas las mismísimas paredes del cuarto y dejas preñados los propios fundamentos de la casa, puedes cortarme la barba y escupirme en la cara.

Las mil noches y una noche, Cuento del lunar postizo.
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 785

La visita

“Dios mío, ¿quién será esta venerable anciana y cuando la invité yo a tomar el té?” y Ana se sonrió, desesperadamente amable, con su interlocutora. “Además, yo nunca invito té sino café”. Siquiera Eufrosina discurrió sacar las tazas apropiadas y untar galletitas con mantequilla y mermelada. “Debe ser una amiga del club de golf de la colonia, pero ¿cuándo la conocí yo si nunca voy por esos rumbos? Y esta señora habla un inglés muy inglés”. La conversación fluía sin tropiezos como si se conocieran íntimamente y desde hace mucho tiempo. Había por su puesto las interrupciones de rigor, que si le hablaban a Ana por teléfono, que si el niño se caía, que si venían a cobrar la cuota de no sé qué, que si ahí estaban los de la tintorería, que si el niño estaba mojado. Pero la dama en cuestión aprobaba sus idas y venidas con una sonrisa de comprensión, sin inmutarse, y la plática proseguía sobre recetas de compotas, tejidos de crochet, viajes a Egipto, horarios de trenes, jardinería. La buena señora mencionaba a personas que Ana tenía la certeza de haber conocido alguna vez en alguna parte pero que por el momento no podía ubicar. Ana empezó a recordar en fragmentos. Casi seguro había conocido a la respetable señora en el supermercado, fue el día en que le vendieron una lata echada a perder con la que pudo haberse envenenado toda la familia. O tal vez fue esa noche en que se oyeron como disparos y Ana salió corriendo a la calle y una persona la tranquilizó asegurándole que eran cohetes de una fiesta en el pueblito vecino. Más bien fue cuando la sirvienta encontró el hacha en el jardín con manchas que parecían de sangre y alguien demostró que eran de herrumbre. O sería cuando por un descuido le quitaron el letrero a la botella de insecticida y … Ana cabeceó, obscurecía ya, hacía frío, las galletas se acabaron y el niño había desmenuzado minuciosamente el periódico del día. Su marido llegaba del trabajo en esos momentos. Optimista, rebosante de problemas técnicos, se agachó a besarla cariñosamente. “Ja, ja, te quedaste dormida leyendo a tu querida Agatha Christie, si leyeras el Martín Fierro no te pasaría esto””. Su marido era argentino. Ana le sonrió con ternura, “hay sopa de espinaca y está rica” le anunció. Y al levantarse notó, con el rabillo del ojo, que sobre la mesa había varios pedazos de hilo crochet y un boleto de tren que hasta arriba tenía impreso “Trafalgar Sq.”.

Ana F. Aguilar
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 782

Julio Ruelas

Julio Ruelas

Julio Ruelas

(Zacatecas, 1870-París, 1907)

Pintor y grabador mexicano. Colaboró en la fundación de la Revista Moderna (1898), que se convertiría en un importantísimo órgano de difusión cultural. Su obra comprende el dibujo naturalista y académico, la pintura simbólica y alegórica y el grabado por el procedimiento del aguafuerte, cuya técnica aprendió en París y con la que alcanzaría sus mejores obras (Cabeza de medusa, La esfinge, La escalera del dragón). Son notables sus retratos (Francisco de Alba, 1896; Manuel José Othon, 1900; Autorretrato, 1900)[1].

Último deseo

59 top

“Esto no tiene remedio. Yo sé que me voy. Sólo quiero un último favor; que me sepulten en el cementerio de Montparnasse… Y si no es mucho pedir consiga usted una fosa contigua a la barda que da al bulevar, para que desde allí pueda yo descansar oyendo el taconeo de las muchachas del barrio”

Julio Ruelas a Don Jesús Luján, en su lecho de muerte
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 780

Extraer el “Pshi” de la mujer

59 top

El Mago Ani pretende poder extraer el pshi… de la mujer que ansía (el pshi no es el doble) y atraerlo hacia sí. Es posible abstenerse del pshi durante algún tiempo; la mujer no repara desde luego es esa privación. El Mago entonces acaricia el pshi y poco a poco y aunque no sintiendo más que cosas vagas, la mujer se aproxima al lugar donde se encuentra el pshi. Y cuando más adelanta, mejor se siente, hasta que coincide, sin saberlo, con él. En tal circunstancia, el amor del hombre ha penetrado ya en ella.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 779

El lago

59 top

Por mucho que se aproximen al lago, los hombres no se volverán por eso ranas o lucios.

Construyen sus viviendas a su alrededor, se meten en el agua constantemente, se vuelven nudistas… No importa. El agua traidora e irrespirable para el hombre, fiel y nutricia para los peces, continuará tratando a los hombres como hombres y a los peces como peces. Y hasta el presente ningún deportista ha podido vanagloriarse de haber sido tratado de un modo diferente.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 775

Mis ocupaciones

59 top

Raras veces puedo ver a alguien sin abofetearlo.

Todos prefieren el monólogo interior. Yo, no. Más me gusta abofetear.
Hay gentes que se sientan frente a mí en el restaurante y no dicen nada; están allí un buen rato porque han decidido comer.

Ahí tenéis a uno.

Yo me lo atraco, toc.
Me lo reatraco, toc.
Lo cuelgo en la percha.
Lo descuelgo.
Vuelvo a colgarlo.
Lo redescuelgo.
Lo pongo sobre la mesa.
Lo apilo y lo ahogo.
Lo ensucio, lo inundo.
Y vuelve a vivir.

Entonces lo enjuago, lo estiro (comienzo a enervarme, hay que terminar con él), lo comprimo, lo aprieto, lo resumo, lo introduzco en mi vaso, arrojo ostensiblemente el contenido por el suelo y le digo al mozo: “Tráigame un vaso más limpio”.

Pero me siento mal; arreglo al punto la cuenta y me voy.

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 774

Escotes abusivos

59 top

Los escotes “abusivos son denunciados por el cardenal Olivier Maillard en 1502, durante su sermón de cuaresma, cuando aconseja a las damas que lo usan que “jamás deberán salir sin las campanillas —como lo hacían los leprosos—, a fin de prevenir a los transeúntes de su presencia”.

En “Nueva vida”
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 766

Pisoteado

59 top

Cuando lo hubieron pisoteado durante diez años:

“Después de todo, dijeron, tenía algunas cualidades. A partir de hoy, se prohíbe a todos pisotearlo”.

Se fue levantando poco a poco, porque tenía realmente cualidades.
Pero un domingo, como al pueblo le gusta mucho la juerga, se le permitió que lo pisoteara una vez más.

Y fue en tal forma aplastado ese sólo domingo, o tal vez ya había perdido esa costumbre, que se sintió más miserable que nunca.

“Después de todo, dijeron, no tenía tantas cualidades”

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 764

Caída

59 top

Dio un paso en falso y cayó de pronto en el siglo XIII. ¡Ay! ¿Cómo sacarlo de allí?

Nos atornillábamos, nos desatornillábamos, nos reatornillábamos, no encontrábamos nada.

“Sangre fría, gritaba Jorge, sin lo cual está perdido”

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 760

Escribir o vivir

Abrió los ojos y sintió unas enormes ganas de escribir. Se acercó a la mesa aún acogido por la inactividad a que había estado sujeto durante el descanso. Cuando fue a tomar el lápiz, notó que sus manos, sus antebrazos y sus brazos se habían mutado en largas y oscuras alas, sus dedos en plumas. Pensó entonces que podía seguramente volar y salió al patio, probó sus extremidades volátiles y, en efecto, al segundo impulso pudo sostenerse flotando a una altura considerable. Continuó en su nuevo ejercicio y, mientras planeaba sobre la casa, sintió una aguda sensación de impotencia; ya no podría seguir escribiendo sobre los hombres voladores.

Dolores Plaza
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 756