Como en las películas francesas

Después de hacerle el amor, encendió un cigarrillo y lo fumó, pensativo: como en las películas francesas.

Luego se levantó del lecho y empezó a vestirse lentamente: como en las películas francesas…

La miró, apagó el cigarro presionando fuertemente sobre el cenicero, y salió sin despedirse: como en las películas francesas…

Al llegar a su casa, encontró a su mujer acostada con otro: como en las películas francesas…

Armando Rodríguez Dévora
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 76

Donde se da cuenta de la historia del nacimiento de un libro y su destino

Primero le nacieron las hojas, folios cuidadosamente doblados, pulcros. Después, la tipografía lo llenó de tonos atrayentes, rematados por un bien formado colofón. Perfectamente encuadernado en piel española soportó las rojas adherencias de los tejuelos. Por último, sin chistar, se dejó marcar los títulos en oro.

Salió a la calle y fue puesto a la venta. Un transeúnte acatarrado y afligido lo adquirió, lo trajo consigo todo el día, y al regresar a su casa lo colocó cuidadosamente en el sitio que con anterioridad le había designado.

Pasado el tiempo, lleno de polvo, ajado, marcado por los mordiscos de las ratas, aún soporta el pesado pie del escritorio que amorosamente contribuye a equilibrar.

Cuauhtémoc Reséndiz Núñez
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 70

Juan Jornal

—¡Esta es una propiedad privada, y no le permito hacer manifestaciones en mis tierras!

—¿Son suyos los caminos?

—¡Se construyeron con mi dinero!

—¿Y la escuela?

—¡Yo cedí el edificio!

—¿Le pertenece el espacio?

—…No, el espacio no tiene dueño…

Entonces se elevó metro y medio del suelo, y ahí flotando, prosiguió explicando a los campesinos de cómo eran explotados, del Código Agrario, de sus derechos, de Zapata, de la urgente necesidad de una huelga nacional campesina…

El latifundista palideció: inmediatamente comprendió que se había topado con un líder poderoso…

Armando Rodríguez Dévora
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 64

Cuando los hijos se van

Al cumplir Billy los diez, le regalé un magnífico trenecito con todo el equipo completo y tan exacto como los trenes de verdad, con guardarrieles, cambios de vía, coches cama y hasta boletero. Pero Billy creció y creció y creció, por eso hace treinta años que juego solito, señor…

David Cruz Martínez
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 62