R y F

No obstante odiarse en el fondo, a Realidad y Fantasía les gustaba reunirse algunas tardes en uno de los últimos cafés bohemios que existieron a sostener interminables discusiones con lengua de doble filo:

—cuando no se puede hacer una teoría para explicar al mundo, se pide otra cerveza y sanseacabó.

—es mucho mejor tratar de inventarla.

—¿inventar qué? Si todo está ahí cambiando continuamente.

—¡mentira! Nada existiría si no fuera por la creación de cada instante.

Una tarde la disputa subió de tono. Se arrojaron el café a la cara y jamás volvieron a ser vistos por el lugar. Realidad empleó el tiempo de la tertulia en trabajar horas extraordinarias y a Fantasía tampoco le quedó un minuto para divagar, pues tuvo que dedicarse a cuidar niños, único oficio donde encontró colocación. Cuando por casualidad se encontraban volvían la cabeza hacia otro lado y al morir ambos, varios años después, no alcanzaron a enterarse del nuevo e increíble estado de cosas sobre la tierra.

Manuel Navarrete
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 94

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