La persecución

Cuando iba al trabajo. Cuando iba de compra. Cuando iba a divertirse con sus amigos. Cuando salía de viaje. Siempre lo seguía un hombre vestido de negro.

Se compró varias pelucas. Se hizo una cirugía facial. Salió disfrazado de vieja. Se disfrazó de monja. Se compró un bastón y unas gafas obscuras y salió disfrazado de mendigo. Y siempre lo seguía aquel hombre vestido de negro.

Dejó el empleo. Habló a sus amigos con amargura de la vida que llevaba: sin empleo, sin dinero y un hombre persiguiéndole siempre quién sabe con qué malvados fines. Hastiado por la tenaz persecución de que era objeto, puso en práctica la última idea de evasión que se le ocurría.

Dos hombres bajaron del carro fúnebre el pesado sarcófago. Lo depositaron en una profunda fosa. La llenaron de tierra. La encementaron. Y, en la lápida, uno de ellos solo escribió: E. P. D. De esa manera cumplieron con la tarea que él les había encomendado. Les había dicho que, en la lápida, no pusieran su nombre, porque si ponían Juan Mondragón el hombre de negro se enteraría de su treta y, de seguro, lo seguiría persiguiendo sin escatimar esfuerzo alguno.

Con agudos silbatos el tren comenzó a deslizarse con suavidad sobre los rieles. Entre los pasajeros iba aquel hombre vestido de negro. Miraba a lo lejos como escudriñando el horizonte. Recién había sido despedido de su trabajo de investigación especial por perder el rastro del hombre que el Gobierno presumía podría ser el único heredero del multimillonario Juan Palomares Monagón, que había fallecido sin testar.

Rudy Valdez
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 113

Revista “Bohemia” de Cuba

Revista Bohemia

Revista “BOHEMIA”

RESEÑA HISTÓRICA

La primera edición de la revista salió a la venta el 10 de mayo de 1908. Su fundador y propietario fue Miguel Ángel Quevedo Pérez, también administrador de El Fígaro. Fue aquel un nacimiento casi inadvertido, tanto que ni siquiera se conserva un solo ejemplar de la tirada inicial.

Bohemia, semanario ilustrado, no especializado, se ocupó entonces de asuntos meramente culturales, semejando, en cuanto a formato, a publicaciones europeas de la época. El nuevo órgano se mantuvo cierto tiempo dentro de tales parámetros, con un contenido signado de modo principal por la vida de las capas y clases sociales más acomodadas: burgueses, profesionales y tecnócratas. De aquí precisamente su nombre, derivado de la famosa ópera de Puccini.

Se apuntaló como negocio editorial a partir de 1914, cuando comenzó a utilizar portadas en tricromías (fue la primera publicación en hacerlo en Cuba) y aumentó su tripa hasta 40 páginas.

La crónica social estuvo presente en cada edición, con notas contemplativas, edulcoradas y ampliamente ilustradas. Siempre promovió concursos de belleza, competencias populares de la más diversa índole, sorteos y encuestas.

Los años 20, con su crisis económica, trajeron para Bohemia momentos de decadencia. En 1926, cuando la tirada había descendido a solo cuatro mil ejemplares, toma la dirección el hijo del fundador, nombrado Miguel Ángel Quevedo y de la Lastra, que se encuentra con una situación nacional compleja, provocada por la prórroga de poderes del presidente Gerardo Machado. Ante el carácter tiránico de este gobierno, el semanario toma partido contra el machadato y comienza a criticar los avatares de la política cubana.

Ese ejercicio le representó a Bohemia ganar un prestigio tal que, a pesar de la difícil coyuntura económica de los años 30, se convirtió en la primera publicación cubana y latinoamericana, dada su profusa tirada y circulación.

A partir de los cambios políticos del país que parieron la Constitución del 40, Bohemia se inscribe como defensora a ultranza de la democracia representativa recién instalada, transformándose en una revista con informaciones generales, de marcado acento en la problemática nacional y dirigida a un público cada vez más variado.

La ganancia en calidad y espacio de la información nacional fue la causa fundamental de su éxito. El 4 de julio de 1943 apareció la sección En Cuba —fundada por los periodistas Enrique de la Osa y Carlos Lechuga—, mostrando materiales exclusivos de los más polémicos temas, muy relacionados con la corrupción, el latrocinio, el partidismo y la politiquería. El espacio abordó también situaciones regionales, tales como las acciones interventoras norteamericanas en Latinoamérica.

El semanario sigue avanzando en cuanto al volumen de su tirada: de cuatro mil ejemplares en 1926 a 125 mil en julio de 1948, para situarse en cerca de 260 mil en 1953 y 315 mil en 1958 (uno por cada 21 cubanos de entonces). Todo esto es botón de muestra de su creciente popularidad, derivada en buena medida de su persistente denuncia al latifundismo, la miseria de las mayoritarias clases marginadas y los manejos de empresas capitalistas, así como la defensa de la república española, la lucha contra el fascismo y la exaltación de gobiernos populares y líderes nacionales honestos.

Sin embargo, los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial conocieron de una Bohemia burgués-nacionalista, ya no solo propulsora y elogiosa del modo de vida norteamericano y de las acciones de sus gobiernos, sino además crítica acérrima del pensamiento marxista leninista, la construcción del socialismo en la URSS y las democracias europeas. En fin, propulsora de un anticomunismo sectario y fanático.

La lucha insurreccional contra la tiranía de Fulgencio Batista halla espacio en las páginas de la publicación, sin tomar una postura radical ni militante. Se divulgan artículos, reportajes e informaciones cuando lo permitía la censura gubernamental.

El 1ro. de enero de 1959 triunfa la Revolución y Bohemia publica tres ediciones antológicas, contentivas de hechos relevantes de los años de lucha insurreccional, pero en la primera de ellas incorpora un editorial abogando por una revolución burgués—nacionalista y de marcado acento anticomunista.

Si bien la prensa burguesa de la época emprendió desde los primeros momentos una lucha sin cuartel contra la revolución naciente, Bohemia, a partir del quehacer de sus trabajadores, fue un bastión de los esfuerzos renovadores. Miguel Ángel Quevedo y de la Lastra solo pudo resistir tales contradicciones hasta mediados de 1960, cuando se exiló de modo voluntario.

A partir de ese instante la revista fue asumida por sus trabajadores, como consta en nota editorial entonces, y se nombró como director el periodista Enrique de la Osa, función que desempeñó muy dignamente hasta 1971. De entonces acá, diferentes compañeros han guiado a su esforzado colectivo laboral, que ha mantenido como centro de su quehacer periodístico los temas más acuciantes de carácter político que ha vivido el país y el mundo en general, junto a los deportivos, culturales, económicos, científicos y muchos más, siempre enfocando cada fenómeno a partir de la ideología de la Revolución cubana.

En la actualidad, a causa del período especial y el bloqueo norteamericano contra Cuba, la tirada de Bohemia sólo es de 100 mil ejemplares (de 82 páginas) en semanas alternas, y desde abril de 2002 se incorporó a Internet con una versión digital, que precisamente en estos momentos se encuentra en plena fase de transformación y desarrollo, junto a todo un gran proceso de informatización de la prensa cubana…[1]

 

Bill Balas

53 top

Hacía más de seis días que el sheriff Mat Basterson se hallaba tirado en el piso del “Saloon Joe”, esperando la llegada del investigador, y ya su cuerpo, cansado de aguardar, comenzaba a exhalar un tufito nada agradable.

El agente del Gobernador examinó el cadáver, y al cabo de unos minutos dijo:

—¡Está muerto!

Lentamente se irguió, echó un vistazo en derredor y preguntó:

—¿Quién le disparó?

En ese instante Bill Balas bajaba las escaleras que conducían a la habitación de la corista Betty Bussines, y todas las miradas se clavaron en él.

—¡Ah, fue usted Bill Balas! —exclamó el investigador.

—¡Sí, yo mismo! ¿Y qué? —confesó Bill.

El agente del gobernador volvió a inclinarse sobre el cadáver del sheriff, lo examinó durante varios minutos más… al cabo de los cuales se incorporó y sentenció:

—¡Suicidio!

—¡¿Suicidio?! —exclamaron todos los los presentes, sin poder reprimirlo.

—¡Sí, suicidio! —ratificó el investigador. Y continuó:

—Todo está muy claro. Según las versiones del hecho, el Sheriff Mat Basterson le dijo a Bill Balas que mirara la estrella que tenía en el pecho… ¿Eso es cierto?

—Sí, es cierto, así fue —contestaron todos.

—¡Bien! —prosiguió el investigador—, como todos habrán podido apreciar, el disparo que mató al sheriff atravesó la estrella por el mismo centro… ¿está claro eso?

—Sí, está claro —asintieron a coro los presentes.

—Luego entonces —concluyó el investigador—, si el sheriff Mat Basterson obligó a Bill Balas a mirar la insignia, es suicidio… ¡Porque para nadie es un secreto que donde Bill Balas pone el ojo, pone la bala!

Revista “Bohemia” de Cuba
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 111

El manantial y el río

Un manantial sereno brota libremente en la inmensa llanura, y sus aguas tranquilas van formando un camino, atraviesan contentas los prados, los senderos, la tierra que antes seca se transforma a su paso, y los prados florecen y las aves se alegran, y flota en el ambiente un aroma sutil de perfumes y flores; y el manantial sigue su rumbo libre, pero busca afanoso un lugar no lejano donde vibre gozoso… y de pronto se escucha un murmullo aún distante que estremece la tierra… y el manantial se acerca y el murmullo aumenta; ya se percibe el ruido, es un río imponente, ¡qué fuerza traen sus aguas! ¡qué ruidosas y fuertes!, y el manantial se acerca cada vez más contento, al cabo ha encontrado el fin de su camino, y a la vez… el principio de la gran aventura.

Y en un salto imperioso quedan al fin unidos el Manantial y el Río, y sus aguas se unen transformándose en una… no podrán separarse, estarán siempre unidas, y seguirán su curso, unas veces sereno, y otras muchas envueltos en un fuerte torrente, y tal vez a su paso formarán arroyuelos que se separen de ellos y que al llegar a adultos se transformen en nuevos manantiales y ríos.

Y seguirán su curso, por siempre al infinito, las aguas cristalinas del manantial sereno y del impetuoso río.

María Moguel de Sanz
No. 53, Mayo-Junio 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 110