Infierno de siete pisos

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Alá fundó un infierno de siete pisos, cada uno encima del otro, y cada uno a una distancia de mil años del otro. El primero se llama Yahannam, y esta destinado al castigo de los musulmanes que han muerto sin arrepentirse de sus pecados; el segundo se llama Laza, y está destinado al castigo de los infieles; el tercero se llama Yahim, y está destinado a Gog y Magog; el cuarto se llama Sa’ir, y está destinado a las huestes de Iblis; el quinto se llama Sakar, y está preparado para quienes descuidan las oraciones; el sexto se llama Hatamah, y está destinado a los judíos y a los cristianos; el séptimo se llama Hauiyah, y ha sido preparado para los hipócritas. El más tolerable de todos es el primero; contiene mil montañas de fuego; en cada montaña, setenta mil ciudades de fuego; en cada ciudad, setenta mil castillos de fuego; en cada castillo, setenta mil casas de fuego; en cada casa, setenta mil lechos de fuego, y en cada lecho, setenta mil formas de torturas. En cuanto a los otros infiernos, nadie conoce sus tormentos, salvo Alá el Misericordioso.

Las mil y una noches
No. 02, Junio 1964
Tomo I – Año I
Pág. 83

Libro de las Mil y Una Noches
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 366

Joseph Campbell

Joseph Campbell

Joseph Campbell

(26/03/1904 – 30/10/1987)

Nació el 26 de Marzo de 1904 en Nueva York.

Se interesó en la mitología desde su infancia a partir de lecturas sobre los aborígenes y visitas al Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. En 1917 su familia construye una cabaña en los montes Pocono (Pennsylvania); allí conoce a Elmer Breger, autor de libros infantiles sobre los indios. En 1920 conoce al Dr. Nelson Hume, director de la Canterbury Preparatory School (New Milford) que será quien le introduzca en la literatura.

 Cursó estudios en la Universidad de Columbia y en 1923 inicia sus viajes que le llevaran a México y Guatemala entre otros países. Su interés por el budismo aparece en 1924 cuando conoce a Jiddu Krishnamurti. Obtiene su título de Bachelor of Arts en la propia Columbia y empieza a estudiar literatura centrando en las leyendas artúricas. En 1927 viaja a Europa y se radica en París donde conoce a James Joyce. En 1928 se matricula en la Universidad de Munich, donde estudia sánscrito y filología indoeuropea. Regresa a Estados Unidos y da clases de distintas materias y prosigue sus estudios.

En 1938 se casa con Jean Erdman. En 1941 y durante tres años trabajará con Swami Nikhilananda en la traducción y edición de El evangelio de Sri Ramakrishna y Los Upanishads. En 1943 aparece Where the Two Came to Their Father. En 1959 da su primera conferencia en las reuniones de Eranos y aparece el primer volumen de Las máscaras de Dios. En 1984, en su fiesta de cumpleaños en el Palacio de Bellas Artes de San Francisco, se reúnen más de mil invitados y al año siguiente comienza la filmación de lo que será The Power of Myth (en el célebre Skywalker Ranch de George Lucas). Fue también compilador de la obra de Jung.

 

Joseph Campbell falleció el 30 de Octubre de 1987 en Honolulu[1].

El shamán

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Un antiguo viajero que se aventuró entre los lapones nos ha dejado una descripción vívida de la terrífica acción de uno de estos extraños emisarios del reino de la muerte. Ya que el otro mundo es el lugar de la noche eterna, el ceremonial del shamán debe tener lugar después del anochecer. Los amigos y vecinos se reúnen en la choza sombría y débilmente alumbrada del paciente y siguen atentamente las gesticulaciones del hechicero. Primero conjura a los espíritus ayudantes; éstos llegan, invisibles para todos menos para él. Dos mujeres, vestidas para el ceremonial, pero sin cinturones y llevando tocas de lino; un hombre sin toca ni cinturón, y una joven no adulta, son sus asistentes. El shamán se descubre la cabeza, se suelta el cinturón y los cordones de los zapatos; se cubre la cara con las manos y empieza a girar en variados círculos. Repentinamente, con gestos muy violentos, grita: “¡Equipad el reno! ¡Listo para embarcarse!” Toma una hacha y empieza a golpearse con ella cerca de las rodillas, y la mueve en dirección a las tres mujeres. Saca del fuego leños ardiendo con sus manos desnudas, pasa tres veces alrededor de cada una de las mujeres y, finalmente cae, como un muerto. Durante todo ese tiempo a nadie se permite tocarlo. Mientras reposa en trance, debe ser vigilado tan estrechamente que ni una mosca debe posarse encima de él. Su espíritu ha partido y ve las montañas sagradas con los dioses que las habitan. Las mujeres que lo atienden, cuchichean una con la otra tratando de adivinar en qué parte del mundo se encuentra ahora. Si mencionan la montaña en que se encuentra, el shamán mueve una mano o un pie. Por fin, empieza a volver en sí. Con voz baja y débil dice las palabras que ha escuchado en el otro mundo. Las mujeres empiezan a cantar. El shamán se despierta lentamente, declarándola causa de la enfermedad y la forma de sacrificio que debe hacerse. Entonces anuncia la cantidad de tiempo que tomará el paciente para sanar.

Joseph Campbell, en El héroe de las mil caras
No. 02, Junio 1964
Tomo I – Año I
Pág. 77

El informe

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—Dispense, amigo, ¿cuánto tiempo se necesita para ir desde Corbigny a Saint-Révérien?

El picapedrero levanta la cabeza y, apoyándose sobre su maza, me observa a través de la rejilla de sus gafas, sin contestar.

Repito la pregunta. No responde.

—Es un sordomudo —pienso yo, y prosigo mi camino.

Apenas he andado un centenar de pasos, cuando oigo la voz de picapedrero. Me llama y agita su maza. Vuelvo y me dice:

—Necesitará usted dos horas.

—¿Por qué no me lo ha dicho usted antes?

—Caballero —me explica el picapedrero—, me pregunta usted cuánto tiempo se necesita para ir de Corbigny a Saint-Révérien. Tiene usted una mala manera de preguntar. Se necesita lo que se necesita. Eso depende del paso. ¿Conozco yo su paso? Por eso le he dejado marchar. Le he visto andar un rato. Después he calculado, y ahora ya lo sé y puedo contestarle: necesita usted dos horas.

Jules Renard, en La linterna sorda
No. 02, Junio 1964
Tomo I – Año I
Pág. 82

Jules Renard en “La Linterna Sorda”
No. 77, Junio 1977
Tomo XII – Año XIII
Pág. 375