Vampirismo evidente

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Yo sé que el señor de Vassimont, consejero de la cámara de los condes de Bar, enviado a Moravia por su alteza real el rey Leopoldo I, duque de Lorena, para asuntos del príncipe Carlos, su hermano, obispo de Olmuetz y de Osnabrueck, oyó cómo las gentes decían que en aquel país era cosa ordinaria y común que hombres muertos hacía algún tiempo, aparecieran en las reuniones y compartieran la mesa con personas que en vida conocieron. Y que aquel de los presentes al que el aparecido hacía un determinado signo con la cabeza, moría infaliblemente pocos días después. Admirado, quiso asegurarse, y recogió informaciones exactas de muchas personas, entre ellas de un anciano párroco, el cual aseguraba haber visto más de un caso.

Agustín Calmet, Vampirismo en Hungría
No. 02, Junio 1964
Tomo I – Año I
Pág. 88

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