Arqueología

La búsqueda fue larga y fatigosa. Día tras día yo atravesaba montañas y barrancas para acudir al sitio. Allí se quitaba cuidadosamente la tierra estratificada, se removía y se examinaba minuciosamente cada nivel de escombros. Se hacía desesperante la lentitud de la tarea, prolongada batalla del hombre contra los deterioros del tiempo. Todo nos fue adverso: los polvos venenosos que nos sofocaban, los extraños gusanos, las enormes arañas, la polilla alada, las evidencias de destructoras inundaciones pasadas. En la covacha seguía el agua goteando encima de todo y de todos.

Pero una tarde feliz, llegó el triunfo. Debajo de toneladas de detritus, el secretario municipal encontró mi acta de nacimiento.

Ramón González
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 737

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Afrodisiaco singular

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En su libro de penitencias, De Poenitentia Decretorum, el obispo Burchard de Worms describe una práctica medieval en la que las mujeres ponían un pequeño pez vivo en el centro de su ser. Al morir el pez, lo freían y lo daban a comer como afrodisíaco a un galán.

(no se cita al autor)
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 731

La simplicidad

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Lo que ha faltado sobre todo hasta el presente a mi vida, ha sido simplicidad. Poco a poco comienzo a cambiar.

Ahora, por ejemplo, siempre que salgo, llevo mi cama conmigo, y cuando una mujer me agrada, la tomo y me acuesto con ella al instante.

Si sus orejas o su nariz son feas y grandes, se las quito juntamente con la ropa y las pongo debajo de la cama. Allí las encontrará ella al partir. Sólo guardo lo que me agrada.

Si su ropa interior ganara al ser cambiada, la cambio en seguida. Ese será mi regalo. Si entretanto veo a otra mujer más agradable que pasa, me excuso ante la primera y la hago desaparecer inmediatamente.

Personas que me conocen sostienen que no soy capaz de hacer eso que digo; que no tengo suficiente temperamento para ello. Yo también lo creía así, pero era porque no hacía todo como se me antojaba.

Ahora, paso siempre muy lindas tardes. (Por la mañana trabajo).

Henri Michaux
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 735

Dos reflexiones

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Leopardos irrumpen en el templo y beben hasta la última gota los cálices del sacrificio; esto sucede muchas veces; finalmente, se cuenta con ello y forma parte de la ceremonia.

Les dieron a elegir entre ser reyes o correos de los reyes. Como niños, todos eligieron ser correos. Y así ahora hay muchos correos, se afanan por el mundo y, como no quedan reyes, se gritan sus insensatos y anticuados mensajes. Con alivio darían fin a sus vidas miserables, pero no se atreven, por el juramento profesional.

Franz Kafka
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 730