El cuerpo de Catarina

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Catarina salió del cuarto de los cuerpos muertos con uno que no era el suyo. Antonia se lo dijo, pero Catarina sólo le creyó después de haberse mirado en el espejo.

—¡Vaya! —dijo Catarina.— No está mal, aunque me gustaría todavía más si tuviera el pelo oscuro.

—Devuélvelo, Catarina —conminó Antonia— no es tuyo. Además está muerto.

—No sé cómo quitármelo. ¡No sé cómo me lo puse! —Catarina se veía ahora ligeramente asustada.

—Bueno, tal vez tenía ganas de volver a vivir y te escogió para regresar.

—Pero ¿y mi cuerpo?

—¿Desapareció?

Las dos se precipitaron al cuarto de los cuerpos muertos. Los cuerpos estaban como siempre, dentro de las cajas alineadas contra la pared, absolutamente quietos.

El de Catarina no se veía en las cajas, ni en otra parte. Salieron.

Catarina volvió a mirarse en el espejo.

—Podría ser peor —dijo— Vámonos. Tengo una cita.

Catarina salió primero. Esperó unos pasos adelante mientras Antonia cerraba la puerta con llave. Cuando Antonia se volvió sólo quedaba un montoncito de cabellos rubios en la acera.

Antonia se encogió de hombros.

—¿Y ahora? —se dijo— ¿Qué les voy a decir a los demás?

 

Elena Milán

No. 59, Junio-Julio 1973

Tomo X – Año IX

Pág. 753

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