Escribir o vivir

Abrió los ojos y sintió unas enormes ganas de escribir. Se acercó a la mesa aún acogido por la inactividad a que había estado sujeto durante el descanso. Cuando fue a tomar el lápiz, notó que sus manos, sus antebrazos y sus brazos se habían mutado en largas y oscuras alas, sus dedos en plumas. Pensó entonces que podía seguramente volar y salió al patio, probó sus extremidades volátiles y, en efecto, al segundo impulso pudo sostenerse flotando a una altura considerable. Continuó en su nuevo ejercicio y, mientras planeaba sobre la casa, sintió una aguda sensación de impotencia; ya no podría seguir escribiendo sobre los hombres voladores.

Dolores Plaza
No. 59, Junio-Julio 1973
Tomo X – Año IX
Pág. 756

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