El puente

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Una mujer muy rica, al regresar de un viaje por el extranjero, quiso llegar hasta su casa caminando sobre el lodo de la calle.

—Señora —le dijo un policía—, no puedo permitir que haga eso: se ensuciará las medias y los zapatos.

—¡Oh, no tiene importancia! —dijo alegremente la mujer rica, mientras le dedicaba una sonrisa

—Señora, como puede usted ver, la calle está ocupada por centenares de periodistas tumbados en el fango, que están deseando que les haga el honor de pasar por encima.

—En ese caso —dijo la señora sentándose en el umbral de una puerta y abriendo su bolsa— tendré que ponerme las botas de hule.

 

Ambrose Bierce
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 500

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El límite

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El rey de unas islas lejanas nombró primer ministro a su caballo y a un hombre de montura. Habiendo observado que esa disposición llenaba al reino de prosperidad, un hombre de estado, cargado de años, aconsejó al rey que se fuera a pacer y pusiera un buey en el trono.

—No —declaró pensativo el monarca—. Un buen principio puede ser nefasto si se abusa de él. Una verdadera reforma no debe llegar a la revolución.

Ambrose Bierce
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 499

Consulta incompleta

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Un juez de la suprema corte estaba sentado al borde de un río cuando se acercó un viajero y le dijo:

—Deseo atravesar este río. ¿Sería lícito usar ese bote?

—Sí —dijo el juez—, porque me pertenece.

El viajero le dio las gracias, se embarcó y se alejó a fuerza de remos. Pero el bote se hundió y el viajero se ahogó.

—¡Miserable! —gritó un espectador indignado—. ¿Por qué no le advirtió que había un boquete en el fondo del bote?

—No me consultó sobre el estado del bote —respondió el eminente jurista.

Ambrose Bierce
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 499

El santo y el pecador

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—Amigo mío —dijo un distinguido oficial del Ejército de Salvación a un perverso pecador—, en otros tiempos fui un borracho, un ladrón un asesino. La gracia divina ha hecho de mí lo que soy ahora.

El perverso pecador lo miró de pies a cabeza, y contestó:

—Imagino que desde ahora la gracia divina sabrá que lo mejor es el enemigo del bien.

Ambose Bierce
No. 13, Junio 1965
Tomo III – Año II
Pág. 499