Emmanuel Haro Poniatowski

Emmanuel Haro Poniatowski

Dr. Emmanuel Haro Poniatowski

Universidad Autonoma Metropolitana (UAM)

 Estudios:

Septiembre de 1974 a Junio de 1978

Licenciatura en Física en la universidad Autónoma Metropolitana, Iztapalapa. México D.F.

LICENCIADO EN CIENCIAS

Septiembre de 1979 a Junio de 1986

Estudios de Doctorado en la universidad a Pierre et Marie Curie, Paris, Francia.

DOCTEUR D’ ETAT ES SCIENCES

Especialidad: Física del estado sólido

Tesis: Estudio experimental y teórico de las propiedades anarmonicas del silicio.

Investigador Nacional SNI III

Experiencia Profesional

Investigador visitante Laboratorio Central de Investigación compañía THOMSON CSF Orsay Francia. Octubre de 1978 a Junio de 1979.

Profesor Titular C de tiempo completo por tiempo indeterminado Abril de 1993 Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa.

Profesor Visitante Université Paris V et Université Paris VI, Septiembre de 1996 a Julio de 1997

Presidente de la División de Óptica de la Sociedad Mexicana de Física (2001-2002)

Profesor visitante en el Instituto de Óptica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid España (Septiembre 2002 a Enero 2004)

Profesor visitante Université Paris VII y Université Paris V, Paris Francia (Abril 2004 a Julio 2004)

Jefe del Departamento de Física de la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa (21/08/2006) – (20/08/2010)

Presidente de la Comisión evaluadora del área 1 del SNI (2007)

 Producción Académica:

110 publicaciones

3 últimas publicaciones:

Thin films of silver nanoparticles deposited in vacuum by pulsed laser ablation using a YAG:Nd laser

J.C. Alonso, R Diamant, P. Castillo, M.C. Acosta –García, N. Batina, and E. Haro-Poniatowski.

Applied Surface Science 255, 4933-4937 (2009)

UV-Laser induced modifications through a single slit on quasi-percolated silver nanostructured films.

J. C. Alonso-Huitrón, E. Haro-Poniatowski, C. Acosta-Zepeda, N. Batina, M. C. Acosta-García, P. Castillo-Ocampo

Rad. Eff. Def. 164, 438-442 (2009)

Laser-induced micron and submicron ordering effects in quasi-percolated nanostructured silver thin films.

E. Haro-Poniatowski, J. C. Alonso-Huitrón, C. Acosta-Zepeda, M. C. Acosta-García, N. Batina

Nanotechnology 20, 355304 (2009)[1]

Misterio de reencarnaciones

—Pues no, de eso ahora no se puede.

Fue como un martillazo en la nuca. Permaneció callado. La señorita, entonces, se le quedó viendo compasiva. Hoy lunes cuatro de agosto él era la quinta persona que intentaba tramitar su reencarnación en foca.

¿Qué haría? A su bienamada Lucrecia le habían dado los papeles rápido. Claro que cuando ella los había pedido, un año atrás, todo era más fácil. Entonces la moda era reencarnar en la clase de los felinos. Y cuando Lucrecia pidió formularios para foca, creyó haber atisbado una sonrisa burlona en la señorita dependiente.

Desgraciadamente el último mes, quizá por el calor que aplastaba a la ciudad, miles de personas querían reencarnar en foca.

La señorita dependiente le dijo que cambiara de planes, que la flora y la fauna eran muy variadas, que en ese mismo instante le podría dar una solicitud para reencarnar en lobo de mar, que vive casi como las focas.

Él sonrió y se retiró decepcionado. Era imposible cambiar los planes. Lucrecia y él se habían imaginado tantas veces en el agua, nadando, saltando juntos. Le tendría que anunciar la triste noticia. Seguro que a Lucrecia le afectaría también.

Salió a la calle y entró en un bar. Se tomó dos curados de rábano en las rocas. Le hicieron bien. Recordó las largas horas que habían pasado, Lucrecia y él, revisando libros de zoología, biología, geografía y todo para esto: su futuro destruido en un instante.

Se salió del bar y fue directo a la oficina donde trabajaba Lucrecia. Era casi la hora de su salida. Cuando él llegaba ella salía e inmediatamente notó en su mirada que algo andaba mal. Él se lo dijo rápido. Al principio ella no entendía; le volvió a explicar. Para su gran sorpresa ella reaccionó bastante calmada. Caminaron del brazo por la avenida, sin rumbo preciso. Llegaron hasta la orilla del mar. Se sentaron en el malecón. A lo lejos vieron dos pelícanos que volaban en círculos, en busca de…

Los dos se volvieron el mismo tiempo, se miraron, y descubrieron, con una sonrisa en los ojos, que estaban pensando en lo mismo.

Emmanuel Haro Poniatowski
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 177

Piel de luna

Estábamos en la sobremesa de una bien condimentada cena preparada por Munira. Laura, pulsando su guitarra, cantaba: “…deslizo mis labios por tu piel de luna…” Cada palabra de su canción era dulce y amarga como una almendra.

Por la tarde, cuando llegué a la casa de campo de mis amigas, me impresionó una ausencia que se palpaba. Alguien, hostil, había estado allí. Su aliento, mezclado con el incienso que ardía en el pebetero de Munira, me sofocaba causándome una vaga náusea. Las dulces notas de la guitarra morían en la distancia de un recuerdo filoso. Me levanté de la mesa y vi su fotografía sobre el librero. Sus grandes ojos negros callaban su desamor. Me dejé caer en uno de los mullidos sillones del salón. Clavé la vista en el suelo. Un pequeño movimiento en la alfombra distrajo mi melancolía. Un escorpión con la cola enhiesta avanzaba decidido hacia mi pie descalzo.

—¡Muchachas! ¡Miren! —exclamé.

—¡La escoba! ¡No! ¡Un libro! —gritó Munira.

Ruido de sillas. El golpe del pesado libro sobre el piso. La alimaña huyó a la sombra debajo de un mueble. Revolvimos sillones y sofás. Levantamos la alfombra y rociamos insecticida. Había desaparecido. La conversación giraba sobre ponzoñas y muertes repentinas.

—No estés nerviosa, no volverá a salir —me tranquilizaba Laura.

—Está muerto. No tengas miedo. Duerme tranquila —dijo la persuasiva Munira.

Aunque hacía calor, cerré el balcón de la recámara. Levanté la almohada y destendí la cama. No apagué la luz. Me puse los zapatos. Dormí. Las volutas de incienso se enroscaban y subían por las patas del lecho. Un rayo de luna brilló sobre la punta de unas tijeras. Mis cabellos colgaban hasta el suelo. El escorpión trepó por uno de sus rizos. Su veneno tenía sabor de almendra.

Amelia García de León
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 173

En un burdel de Atenas

114-115 top

En un burdel de Atenas, aquella tarde Dimitria me decía: “Me llamo Dimitria, un nombre común entre las griegas: soy la puta más bella de la Hélade”. La tarde, ya entraba en el crepúsculo; el bruto me ofrecía más prostitutas, como quiera sí, ¿un vino?, un attimo, signore. No hablaba inglés ni italiano, apenas griego; apenas deletreaba las monedas.

¿Yo? Yo nací hace mil siglos. Mi padre fue el padre de estas tierras, mi madre la esperanza. Me parezco a la sombra de esos arcos, a la sombra de esos barcos, a mi sombra. Mi cuerpo se pudre en los museos; así mi amada. Adiós siglo de oro hecho cenizas, adiós mis ojos: la gaviota está muerta junto al lago.

Dimitria se levanta, abre los ojos: “¡Oh, no es cierto, no es cierto! ¡Me he acostado, Dios mío, con un cadáver!”

Marco Antonio Campos
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 171