Oscar David Herrán Salvatti

Óscar David Herrán Salvatti

 

Óscar David Herrán Salvatti

(Tapachula, Chiapas, 1964)

Es poeta y filósofo. Es autor de los poemarios Alternativa del Olvido (Cabos Sueltos, 1999), Imágenes Reclinables (Coneculta, 2003) y Obituario de la Lluvia (UAM, 2005). Es coautor de la antología poética Lluvia de Voces en el Desierto, Memoria del II Encuentro Internacional de Poetas en Delicias, Chihuahua, publicado en la Colección Al filo del poema, editada por Arde Editoras S.C. (2007)[1].

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La visita

Un fantasma del fantasma que nunca fui, esta entre nosotros. Ese ser espectral utiliza frases cortas al expresarse. Cada palabra suya nos muestra una costumbre distinta entre los muertos. Se educó en dos disciplinas: el análisis del misterio de los sueños y las paradojas socráticas. Además, tiene una ascendencia nocturnal. En cambio yo, que soy un ser aparentemente real, vago por los pasillos de las casas, atravieso las puertas y las paredes. Y me desvanezco por completo cada vez que alguien me nombra.

Oscar Herrán
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 201

Epílogo de las Iliadas

114-115 top

Desde el alcázar del palacio lo vio llegar a Itaca de regreso de la guerra de Troya. Habían pasado treinta años desde su partida. Estaba irreconocible, pero ella lo reconoció.

—Tú —le dice a una muchacha—, siéntate en mi silla e hila en mi rueca. Y ustedes —añade dirigiéndose a los jóvenes—, finjan ser los pretendientes. Y cuando él cruce el lapídeo umbral y blandiendo sus armas quiera castigarlos, simulen caer al suelo entre gritos de dolor o escapen como el propio Ayax.

Y la provecta Penélope de cabellos blancos, oculta detrás de una columna, sonreía con desdentada sonrisa y restregaba las manos sarmentosas.

Marco Denevi
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 199

Pechitos Lilly

Lilly Souflé se mira los senos.

Se para de puntitas, inclina el rostro hacia adelante, las nalgas hacia atrás y admira el balanceo desde arriba: cúpulas voluminosas y tersas, pezones besitos de chocolate.

De frente, en el espejo, hay un suave bamboleo: montes henchidos, peritas en dulce.

Luego se observa de perfil. Dos caídas de miel le desbordan los hombros y estallan sobre sus costillas: enormes burbujas ámbar.

Orgullosa, orgullosísima, Lilly da unos saltitos y las redondeces se agitan. No resiste la tentación; palpa con sus dedos la rotunda evidencia del peso, la consistencia y el calor mullido, la firmeza altiva de esa carne plena y sugerente.

Lilly se tiende por fin en la cama y su amante la recibe fascinado, la estrecha ardorosamente y luego, con la humedad de sus labios, rinde sin saberlo un efusivo y prolongado homenaje a los gigantescos adelantos de la química, al impresionante desarrollo de los silicatos, a la bendita patente de la bolsa “Silastic” (MR), y a la prodigiosa habilidad del cirujano Martínez Aldana.

Agustín Tapia
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 197