El ojo de Napoleón

114-115 top

Cuando Napoleón el tuerto murió, nadie pensó en volver a colocarle el ojo de cristal, y éste quedó sobre la mesita de noche, en un vaso, sumergido en un poco de agua.

Napoleón fue llevado al cementerio y enterrado en la tumba de la familia.

Esa misma noche, el ojo de Napoleón, desde la mesita al lado de la cama, desde su vaso y su agua, vio el lecho conyugal profanado por caballero Stanislas, su amigo de toda la vida y socio en los negocios; y reconoció en el rostro de su viuda aquella expresión entre el éxtasis y la agonía a la que sólo él había creído tener derecho.

Entonces el ojo de Napoleón, reuniendo las pocas fuerzas de que puede disponer un ojo de cristal, saltó fuera del vaso, rebotó sobre la mesita de noche, atravesó la habitación como un cohete y, chocando con su dureza contra la dureza mayor de la pared, se deshizo y cayó al suelo en lluvia cristalina.

Alberto Savinio
No. 114-115, Abril-Septiembre 1990
Tomo XIX – Año XXVII
Pág. 279

Anuncios

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s