Prosas profanas

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Mariusha, la cálida mujerona húngara, se precia de su inextinguible ardor amoroso, mucho más violento que lo habitual entre sus compañeras de sexo. Ella ama ininterrumpidamente y en su imaginación no se proyecta la sucesiva serie de imágenes voluptuosas, que a los demás habitualmente nos distraen, sino que de un modo fijo y constante, permanece la efigie de un húsar moreno de puntiagudos bigotes.

Claudia, la refinada francesa de apellido vulgar, distingue con su olfato hasta trescientos diez aromas diferentes.

Gregoria, moza levantina de nacionalidad indeterminada, insiste en que puede resistir el peso de un campeón de grecorromana sin que se altere el ritmo de su respiración.

Finalmente, Lola consagra su amor a los pájaros y habiéndoles acostumbrado a tomar el alpiste entre sus labios, afirma que nada hay comparable al suave picoteo de sus aéreos tentadores.

Luis Martín Santos
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 159

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