Robot 2

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José Santiago se aburría de todo en su casa hasta que le llegó equivocadamente un juego de Mecano. Se puso a armarlo y construyó un robot.

Un día le agregó una pieza y el robot empezó a cocinar. Entonces, entusiasmado por el descubrimiento ajustó un tornillo por aquí y el robot se dirigió al patio, recogió toda la ropa arrugada y la planchó como una perfecta ama de casa.

Le ajustó una pieza por allá, y el robot se puso a pintar.

La añadió una pieza y se puso a cantar.

Le agregó otra y se puso a hablar de política.

Confeccionó unas piezas absurdas y se puso a tocar el violín.

Feliz de su valor electrónico, salió a dar unas vueltas con el fin de descansar de tantos meses de encierro.

Sintió que las plantas le sonrieran, que el aire lo miraba orgulloso y que la gente lo señalaba al pasar.

Regresó a su casa, dejó encima del sofá su abrigo y su bufanda y se dirigió al taller para continuar con su trabajo.

La primera impresión al abrir la puerta, fue tremenda. Parecía que un ciclón había pasado por allí durante su ausencia. La segunda escalofriante: el robot se había hecho humo.

Desesperado corrió al cuarto de su mujer pensando en una inminente desgracia, pero sólo halló sobre la cama una nota en que ésta le decía coquetamente.

—“Le agregué una pieza al robot, se volvió romántico, y me fugué con él”.

 

Juan Rivera Saavedra
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 161

Juan Rivera Saavedra

Juan Rivera Saavedra

Juan Rivera Saavedra

Dramaturgo que obtuvo el Premio Nacional de Teatro concedido por el Instituto Nacional de Cultura en 1987, en mérito a su obra. Es considerado “el autor más prolífico de América Latina”, ha escrito más 500 cuentos y 176 obras de teatro, varias de las cuales han sido traducidas al inglés, francés y alemán. Varias veces ganador del Premio TUSM, ha sido editado y estrenado por muchos grupos del Perú y del exterior. Entre sus obras destacan Los Ruperto, Por qué la vaca tiene los ojos tristes, Alberto el bueno, etc. Como uno de los fundadores del grupo “Alondra” escribe Amén?, Ahí viene Pancho Villa y otras piezas. Se dedica a la investigación y la dirección teatral[1].

La causa

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El cohete quedó listo.

Buscaron entre todos los voluntarios a un negro, y lo enviaron a Marte.

Como fue todo un éxito, reclutaron esta vez a dos negros y al igual que al anterior, también lo enviaron a Marte.

Luego mandaron a cinco, después a diez, más tarde a cien, hasta que no quedó un solo negro en Norteamérica.

Hecho esto, perdieron todo el interés los blancos por los viajes espaciales, y destruyeron los planos.

Juan Rivera Saavedra
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 161

La educación de los hijos

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No comprendo los quebraderos de cabeza con que se atormentan los teóricos de la pedagogía, ni las graves preocupaciones por las que se dejan dominar tantos sesudos padres de familia en torno a dificultades que —según ellos— presenta la educación de los hijos.
En cuanto a mí, tengo la cuestión definitivamente resuelta. Y no sólo en el plano de la teoría, sino lo que es más importante, en la práctica de cada día. Cuando un hijo recorre desaforadamente por el pasillo de la casa, le digo “no corras”; cuando salta por encima de los muebles de mi despacho, le digo “no saltes”, cuando me abruma con preguntas ininterrumpidas y con gestos de monito sabio le ordeno “no marees”.
De ese modo crece al mismo tiempo su amor y su respeto y su carácter se modela armoniosamente sin esfuerzo.

Luis Martín Santos
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 159