Robot 2

54 top

 

José Santiago se aburría de todo en su casa hasta que le llegó equivocadamente un juego de Mecano. Se puso a armarlo y construyó un robot.

Un día le agregó una pieza y el robot empezó a cocinar. Entonces, entusiasmado por el descubrimiento ajustó un tornillo por aquí y el robot se dirigió al patio, recogió toda la ropa arrugada y la planchó como una perfecta ama de casa.

Le ajustó una pieza por allá, y el robot se puso a pintar.

La añadió una pieza y se puso a cantar.

Le agregó otra y se puso a hablar de política.

Confeccionó unas piezas absurdas y se puso a tocar el violín.

Feliz de su valor electrónico, salió a dar unas vueltas con el fin de descansar de tantos meses de encierro.

Sintió que las plantas le sonrieran, que el aire lo miraba orgulloso y que la gente lo señalaba al pasar.

Regresó a su casa, dejó encima del sofá su abrigo y su bufanda y se dirigió al taller para continuar con su trabajo.

La primera impresión al abrir la puerta, fue tremenda. Parecía que un ciclón había pasado por allí durante su ausencia. La segunda escalofriante: el robot se había hecho humo.

Desesperado corrió al cuarto de su mujer pensando en una inminente desgracia, pero sólo halló sobre la cama una nota en que ésta le decía coquetamente.

—“Le agregué una pieza al robot, se volvió romántico, y me fugué con él”.

 

Juan Rivera Saavedra
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 161

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