Juan Emar

Juan Emar

Juan Emar (Álvaro Yáñez Bianchi)

Juan Emar y/o Jean Emar, seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi, pintor, escritor y crítico de arte. Nació en Santiago, Chile, el 13 de noviembre de 1893. Falleció en Santiago, Chile, el 8 de abril de 1964.

En su adolescencia, Álvaro Yáñez fue alumno de Rinchón Brunet, época en que viajó a París y tomó clases de pintura y dibujo con José Backaus. Hacia 1919, viajó a París, y asistió a clases de pintura y dibujo por varios años en la Académie de la Grande Chaumière, en Montparnasse, donde se nutrió del ambiente artístico imperante; el arte de vanguardia del Futurismo, Cubismo y Dadaísmo. En 1923, Álvaro Yáñez volvió a Chile transformado en Jean Emar, tomado de la expresión francesa J’ en ai marre, que significa estoy harto.

Entre 1923 y 1927, fue crítico de arte en la columna Notas de Arte del diario La Nación -diario de su padre Eliodoro Yáñez-, en donde defendió las nuevas tendencias artísticas de la vanguardia europea, para así superar el criollismo y academicismo chileno, labor que produjo el repudio de la escena artística del momento, pero que, con posterioridad, lo llevó a ser considerado como el máximo exponente local de la vanguardia literaria chilena de las décadas de 1920 y 1930.

Hacia 1925, volvió a París, fundando el Grupo Montparnasse, junto a Henriette Petit, José Perotti, Luis Vargas Rosas, Manuel Ortiz de Zárate y Julio Ortiz de Zárate. Vivió en Francia hasta 1931, periodo donde tuvo una estrecha relación con el Surrealismo y sus artífices, además de otras vanguardias, influencia que, además de su amistad con Vicente Huidobro y Pablo Neruda, lo hicieron encauzar su trabajo, preponderantemente, hacia el género narrativo.

Entre 1947 y 1958, Juan Emar -que ya había indagado en la creación plástica- experimentó el periodo más prolífico en cuanto a su quehacer plástico, produciendo 244 cuadros, gran parte de ellos realizados entre 1953 y 1956, en Cannes, Francia. Este legado pictórico fue heredado por Alice de la Martinière, Pépèche, su pareja, quien divulgó su labor como artista plástico en dos oportunidades: en 1950 en los Salones de la Universidad de Chile, Santiago, y en el año 1957, en Niza, Francia.

Sus obras literarias fueron Torcuato, obra inédita del año 1917, Miltín, de 1934, Ayer y Un año, publicadas en 1935, Diez, de 1937, y Umbral, publicada y editada parcialmente en 1977, y de edición completa por la Dibam en 1996.

Asimismo, Patricio Lizama, investigador, jefe del Departamento de Literatura de la Universidad Católica, ha sido un gran recopilador de los escritos de arte de Jean Emar. Publicó:  Escritos de Arte (1923-1925) Jean Emar, Editorial Universitaria, 1992. Y,  Notas de Arte. Jean Emar en La Nación 1923-1927, RIL-Editores/Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Dibam, 2003[1].

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El lobo-garú

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No aconsejo a nadie pasearse solo por los campos de noche si el campo produce en uno una sensación aguda en su nitidez de tranquilidad y dulzura, y si la noche muestra un cierto tono azul. Existe en tales casos, si no la certeza, por lo menos un alto porcentaje de probabilidades de hallarse frente a un lobo-garú. Y si no se es de una gran serenidad y si no se tienen vastos conocimientos sobre la materia, la lucha será irremediablemente perdida por el hombre. El lobo-garú, después de destrozar a dentelladas la carótida, beberá la mitad de la sangre de su víctima y, junto con alejarse satisfecho, caerán sobre los despojos sus inseparables compañeros los vampiros negros a chupar la otra mitad de sangre. El lobo-garú es grande como el mayor de sus semejantes terrestres, ágil como una ardilla, su pelaje es rojizo, su mirada fría como el acero, penetrante como un estilete. Las balas no le hieren a no ser que previamente hayan sido sometidas a largas y penosas consagraciones. Un puñal le atraviesa sin causarle daño salvo el puñal igualmente consagrado. Y otro tanto puedo decir de su hermano el vampiro negro, vampiro de no menos un metro de envergadura, de alas aceitosas y ojos de munición. Digo hermano pues aquí el parentesco zoológico del reino animal difiere: Lobo y vampiro, que en éste están sin parentesco, aquí lo tienen más aún que un lobo común y un zorro o un vampiro común y un murciélago.

Juan Emar
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 172

Punto

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Le había jurado vengarse.

Estaba recostada en su cama cuando escuchó parar un carro debajo de su ventana.

Después sintió que subían apresuradamente las escaleras.

Cuando se levantó, alguien caminaba por el pasadizo suavemente como si estuviese buscando una numeración, hasta que se detuvo frente a su puerta.

Tres golpes fuertes lo sacaron de su ensimismamiento y se apresuró a abrir involuntariamente.

—He venido a cumplir mi palabra…

Alberto Yauri miró por todas partes para ver de dónde venía la voz, pero sólo descubrió un punto casi luminoso sostenido en el aire como un ojo que lo miraba insistentemente. Un punto pequeño pero de una gran fuerza magnética.

El punto avanzó haciéndolo retroceder y luego cerró la puerta tras él.

—Vengo a probarte mi teoría. He logrado centralizar toda mi fuerza física y mental en el punto que ves… Ahora tendrás que seguirme por el mundo que he descubierto.

Y dicho esto, se alargó como un rayo hacia su víctima, y de un solo trazo, lo convirtió en una coma.

Luego, el punto y la coma se trasladaron al diccionario que estaba sobre el escritorio, se metieron en sus páginas y desaparecieron.

Juan Rivera Saavedra
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 163

Diario

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15 de enero.— Mi única esperanza, mantenida durante tres años, termina hoy por extinguirse. Todos los pelos de mi cabeza se han caído. Sobre que la naturaleza me ha negado toda clase de atributos, ¿no es esto lo peor que le puede ocurrir a una mujer?

23 de abril.— Hace meses que observo a mis vecinas. Todas cambian de enamorados como si cambiaran de pañuelo… yo en cambio no he tenido en mi vida una aventura que me permita siquiera vivir de su recuerdo.

29 de julio.— ¡Me horrorizo! Las hermanas mellizas batieron ayer el record. Recibieron a cuatro enamorados en una tarde.

30 de octubre.— Lamento haber comprado una balanza para el baño. Sigo bajando de peso. 38 kilos para mi estatura y edad, es poquísimo. Tendré que cuidarme, de lo contrario enfermaré y no podré pagar médico.

10 de noviembre.— Tanto reclamé por la llegada de un artista. Las mujeres están locas. Y encima, el artista es calvo. Por más Yul Brynner que sea, repito que están locas.

15 de noviembre.— Querido diario, me quiero suicidar. Juro que lo haré si en caso fallara mi plan. Ya que el destino ha querido que me quede calva y sea el hazmerreír como mujer, por lo menos espero no serlo esta noche que pienso salir a la calle, vestida de hombre.

20 de diciembre.— ¡Soy la mujer más feliz de mi vida! Dentro de cinco días me doy de aros con mi vecina… ¡y que Dios me perdone!

Juan Rivera Saavedra
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 162