Diario

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15 de enero.— Mi única esperanza, mantenida durante tres años, termina hoy por extinguirse. Todos los pelos de mi cabeza se han caído. Sobre que la naturaleza me ha negado toda clase de atributos, ¿no es esto lo peor que le puede ocurrir a una mujer?

23 de abril.— Hace meses que observo a mis vecinas. Todas cambian de enamorados como si cambiaran de pañuelo… yo en cambio no he tenido en mi vida una aventura que me permita siquiera vivir de su recuerdo.

29 de julio.— ¡Me horrorizo! Las hermanas mellizas batieron ayer el record. Recibieron a cuatro enamorados en una tarde.

30 de octubre.— Lamento haber comprado una balanza para el baño. Sigo bajando de peso. 38 kilos para mi estatura y edad, es poquísimo. Tendré que cuidarme, de lo contrario enfermaré y no podré pagar médico.

10 de noviembre.— Tanto reclamé por la llegada de un artista. Las mujeres están locas. Y encima, el artista es calvo. Por más Yul Brynner que sea, repito que están locas.

15 de noviembre.— Querido diario, me quiero suicidar. Juro que lo haré si en caso fallara mi plan. Ya que el destino ha querido que me quede calva y sea el hazmerreír como mujer, por lo menos espero no serlo esta noche que pienso salir a la calle, vestida de hombre.

20 de diciembre.— ¡Soy la mujer más feliz de mi vida! Dentro de cinco días me doy de aros con mi vecina… ¡y que Dios me perdone!

Juan Rivera Saavedra
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 162

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