Tiempo recobrado

El alud se venía sobre él, sin embargo, bastaba un segundo para que se hiciera a un lado y corriera a refugiarse en los roquedales y pasado el peligro llegara a su casa y les contara el incidente y los abrazara jubiloso, tierno, alborozado por haber burlado la muerte, e irían después junto a la chisporroteante chimenea y hablarían hasta muy noche, de lo extremoso de las nevadas de este año, de la finitud de la vida, del amor, de la infancia, de la adolescencia, el encuentro con Flora, su esposa, y los años floridos del noviazgo y las nupcias, las campanas, el órgano, la noche de bodas, y la llegada del niño, Homero, sus primeras palabras, sus primeros pasos, del futuro, del más allá, de la muerte, del paraíso, del infierno, del dolor, de la noche, del sueño, y satisfechos se irían a dormir, tranquilos por la certidumbre de poder continuar sobre el carril de lo cotidiano, sin incidentes perturbadores; un segundo era suficiente, pero…

Pedro Crespo
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 195

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