El texto se mueve (experiencia)

El experimentador habrá de proveerse de una retorta, tal como las usadas en los laboratorios de química. En caso de no tener a mano algo así podrá servirse de una olla o cualquier otro recipiente que le brinden los vecinos, sin desmerecer por esto de los resultados. Elegido luego un texto literario de calidad respetable, lo volcará en la retorta hasta que cubra los tres cuartos de su capacidad. La etapa siguiente consiste en la obtención de limaduras del lector. No se exige aquí ninguna pureza determinada, y las que pueda obtener en la botica de su barrio darán una eficacia inmejorable; vale decir que las limaduras de boticario no van a la zaga de otras de título tal vez más lucido. Espolvoree las limaduras del lector sobre la superficie del texto. Culminamos de este modo la preparación de nuestro ensayo. El experimentador, con mirada atenta, no tardará en observar un movimiento leve y desordenado de las partículas que irá acelerándose paulatinamente hasta alcanzar una gran agitación, una especie de ebullición frenética: es el punto culminante de la experiencia. A partir de este momento el movimiento de las partículas irá enlenteciéndose para terminar por último en absoluta quietud, ya sea porque las limaduras de lector alcanzaron el último párrafo o simplemente porque algún cliente ha entrado a la botica solicitando una botellita de bicarbonato de sodio.

La experiencia ha finalizado.

J. Poniachik
No. 54, Julio-Septiembre 1972
Tomo IX – Año IX
Pág. 225

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