Acknowledgments

128 top
(A Martín Casillas)

Mal haría yo si en estas líneas preliminares no expresara mi gratitud eterna a todas las personas que me brindaron su valiosa ayuda para hacer posible la confección de este libro. Entre ellas debo mencionar a Cholita Trespelos, de la Universidad de Marabatillo, quien me hizo el favor de alcanzarme un diccionario que reposaba en un anaquel muy alto, y no una sino varias veces. Al psicólogo puertorriqueño Víctor P. Méndez, quien me proporcionó el dinero necesario para tomarme una taza de café una noche cuando al salir de la Public Library hacía mucho frío y yo andaba sin fondos. A Papusa Fernández, la gentil estenógrafa caribeña, quien pasó varias veces en limpio mis manuscritos. Al doctor Zigfrido Stringen, sabio alemán, quien me inició en la técnica del plagio que-no-se-nota. A juanita Seisamantes, quien me proporcionó un juego de dibujos pornográficos que no llegué a utilizar debido a puritanismo innato. Finalmente, a mi adorada esposa Betty Southampton, sin cuya amorosa paciencia y denodado estímulo, jamás hubiera podido dar cima a esta obra. Nunca olvidaré las infinitas veces en que ella ensuciara sus blancas manos al hacerse cargo de la ingrata y difícil tarea de cambiar la cinta de mi Remington portátil.

Otto-Raúl González
No. 128, Enero-Marzo 1995
Tomo XXIV – Año XXXI
Pág. 193

Anuncios

Percebú

128 top
Percebú es el nombre de una laguna que el mar forma diariamente entre las dos y seis de la tarde en la orilla del Desierto de los cirios, 30 leguas al sur de Fello, en el Golfo de los Sargazos. El nombre original de esta laguna fue Laura, en homenaje a una hermosa mujer de ojos verdes que, en vespertinos silencios sobre la arena dorada, leía cuentos desconocidos.

Laura fue famosa por sus vestidos naranja y verde tejidos con musgo fosforescente. Se cuenta que una mañana de primavera, llegó a Percebú un aventurero de barba entrecana, después de seguir durante días una hilera de pelícanos que avanzaban en pequeños vuelos. Al llegar adonde se posaron los pelícanos, sobre una saliente arenosa, Percebú descubrió a Laura, quien leía silenciosamente en un pequeño islote, enamorándose inmediatamente, como suele suceder. Vivieron juntos muchos años hasta que una tarde de abril ella desapareció rumbo al norte y nunca regresó y que Percebú, como un homenaje a ella, se ahogó en la laguna entre el musgo, caracoles, cangrejos y peces fosforescentes.

Roberto Castillo Uriarte
No. 128, Enero-Marzo 1995
Tomo XXIV – Año XXXI
Pág. 189

Buscando la fe

De niño pedía a Dios convertirse pronto en adulto para disfrutar las delicias de una amante y de las películas prohibidas. De adulto rogaba a Dios vida eterna para la potencia sexual suya y de sus amantes. De anciano suplicaba a Dios volver a vivir una infancia llena de juegos y travesuras. Pero Dios, misericordiosamente, le concedió una tumba.

Sergio Figueroa
No. 128, Enero-Marzo 1995
Tomo XXIV – Año XXXI
Pág. 183

Parejas

128 top
Un hombre y una mujer se encuentran, se dan las manos, los cuerpos, las almas, y bailan.

Uno es en el otro y comulgan. Juntos son uno y, sin embargo, más de dos.

Aquello que los unió será lo mismo que los separe.

Se amurallan, se arman, se desgarran, se devoran, se abandonan.
Deshabitados, se pudren solos y ya sin vida. Se acompañan hasta que la muerte los separe.

Rafael Arenales
No. 128, Enero-Marzo 1995
Tomo XXIV – Año XXXI
Pág. 179