La búsqueda

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Rabí Janoj de Alexander relató la siguiente historia:

—Había una vez un hombre necio, que de tan necio respondía al nombre de Golem. Cuando se levantaba por la mañana le resultaba muy difícil reunir sus ropas, al punto que temía desvestirse por las noches para dormir. Cierta vez se le ocurrió una idea: mientras se desvestía, tomó papel y lápiz y fue anotando donde dejaba cada una de sus prendas. A la mañana siguiente, tomó la hoja y leyó: “El gorro —aquí está” — y se lo puso en la cabeza. “Los pantalones, —aquí están”, —y se los enfundó. Y así siguió hasta que estuvo vestido. Finalmente exclamó: “Y yo, ¿dónde estoy?” y comenzó a buscarse a sí mismo, sin encontrarse.

—Todos nosotros nos parecemos a ese hombre —concluyó el Rabí.

Del Tesoro Jasídico
No. 61, Octubre-Noviembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 180

La ciudad y un fósforo

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En un punto del desierto hay una ciudad de espejos. Los espejos son tan pequeños y están distribuidos de tal modo, que basta encender un fósforo para que la ciudad resulte profusamente iluminada. La noche más oscura desaparece bajo el poder de un fósforo.

Hay caravanas enteras enceguecidas al encontrar la ciudad a plano sol. Caminaron al azar, tanto más tenebrosas por dentro cuanto mayor era la claridad a su alrededor, hasta ser devoradas por las mudas extensiones de arena.
Esta ciudad es un cuento.

Ricardo Lindo
No. 61, Octubre-Noviembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 179

Elegía

Tú una mame. Una tzetzal. Una otomite. Una pame.

Tú el cerro de la estrella y la laguna de lagartos…Palenque en tus hombros. Ocoxingo en tus rodillas. La isla de Jaina en tus pestañas. El Tajín en tus vértebras. Uxmal como una arracada en tus orejas. Bonampak descansando en tus senos. Mitla en tus negros cabellos. Tula asentándose en tu ombligo. Monte-Albán recortando tu rostro. Y ve: La gran Tenochtitlán refulgiendo en tu frente… ¿Y con todo eso, amor mío, aún piensas dedicarte a la pintura?

Florentino Chávez
No. 61, Octubre-Noviembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 174