Historia del pequeño quinto rabino

61 top

Los Omonios vieron caer un rabino de los cielos. Seguros de que era un enviado sobrenatural, lo coronaron rey. Su reinado fue el más justo de la historia de la humanidad. Terminó con los ladrones, con los asesinos, con las prostitutas, con toda suerte de corrupciones.

Antes de sus primeros tres años de reinado, trescientos hombres habían perdido la mano derecha por ladrones, veinte mujeres habían muerto en la pira por brujas y por rameras y ciento y cuatro caballeros habían sido arrojados al mar encerrados en sacos llenos de gatos y de perros, por diversas faltas. Hubo necesidad de ampliar las cárceles y duplicar el número de policías.

Antes de terminar su reinado, la comunidad de los Omonios estaba prácticamente extinguida.

Ricardo Lindo
No. 61, Octubre-Noviembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 188

Anuncios

Old inn

61 top

Pido una cerveza. El camarero, muy cumplido, me trae agua sucia. Pido un arenque (para que no se ofenda el camarero por una reclamación). Acto seguido, el camarero me trae una medusa: entonces me ofendo yo, y le exijo que venga el jefe. El camarero se va, volviendo inmediatamente con una chistera. “Soy el jefe”, me dice. “Con la chistera puesta, soy el jefe. ¿Usted qué desea?” “Una cerveza”, le digo. Pero él me contesta: “No se trata de ninguna cerveza” “Un arenque”, le digo: “Tampoco se trata de arenques. Este no es ningún restaurante. Es un burdel. El más hermoso burdel de toda la plaza. Nuestra especialidad: jovencitas inteligentes de gran experiencia: rubias para los negros, morenas para los rubios. ¿Le gustaría una morena?” No tengo valor para negarme. Le indico que sí con la cabeza. El jefe se va. Y vuelve sin chistera, con un sombrero de plumas. Se sienta a mi lado, intima conmigo produciendo una risa confianzuda. “Soy Dorita”, me dice.

Hans Jurgen Heise
No. 61, Octubre-Noviembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 187

El tirabuzón

El tirabuzón se hundió en el corcho, girando lentamente. Atravesó la garganta y llegó un poco más allá del cuello. Luego subió vertiginosamente, dejando el cuerpo líquido, transparente. Entonces se hizo un vacío insólito, insospechado: había terminado mi ceremonia de iniciación al miedo.

Quetzalcóatl Vizuet
No. 61, Octubre-Noviembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 184