El encuentro de dos hombres solos

A veces viene a verme, de carrera, mientras que afuera, en el auto, una jovencita guapa, y de seguro delgada, lo espera.

Casi no hablamos, quiero decir, no traspasamos los linderos de los monosílabos. Luego, se va, dejándome en la frente una película delgadísima de algo parecido a un beso, y yo suspiro, hondo y lejos.

Y vuelvo a contemplar el retrato de mi difunta esposa, a ver pasar el gato por la sala, a mis trabajos de bordado que tanto les extraña a mis vecinos.

Y mi hijo, veloz, a las carreras, acelera el auto y sin doblar se va derecho hacia las cifras, rumbo a las claves y codificaciones que, según me han dicho, forman una pelotera ya en el mundo.

 

Luis A. Chávez F.
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 156

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