Jesús Monjarás-Ruiz

Jesús Monjaráz-Ruiz

Jesús Monjarás-Ruiz

 Historiador y Antropólogo mexicano. Investigador del Departamento de Etnohistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia. Entre sus numerosas publicaciones destacan: “México en 1863”, “Los Primeros Días de la Revolución” y “La Nobleza Mexicana”. Desde hace tiempo se encuentra ocupado en una investigación sobre los escritos y manuscritos de Marx acerca de México[1].

Mi vecino

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Sorprendo a mi vecino mirándome desde su ventana; me hace señas para llamar la atención. Me asomo. Como él vive en el edificio de enfrente que separa la calle y en el mismo piso que yo (el 17), me parece muy peligrosa la forma en que está asomado. Parece tan ansioso que saco medio cuerpo fuera de mi ventana, a riesgo también de perder la vida. Me grita a todo lo que da su voz, pero no puedo oírlo. Al fin comprendo que lo que quiere es que tendamos una soga de edificio a edificio (miro con terror hacia abajo) para así poder conversar a gusto. Me tira la soga que agarro con dificultad y la ato a mi ventana. Compruebo que está bastante fuerte pero no me atrevo a pasar. Me grita cobarde. Lleno de amor propio me agarro a la soga y ¡ya me estoy balanceando en el aire! Al llegar al punto medio, voy con los ojos cerrados por el terror que me causa el vacío, tropiezo con sus manos. Lo mismo que yo, él está suspendido sobre el abismo. Se ríe y dice que siga, que no tenga miedo. Llego hasta su ventana y entro. Lo veo a él de nuevo; ahora asomado desde mi ventana. Estamos exactamente igual que al principio.

Luis Lastra
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 202

Estatua

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Llegó un día, encogido, preciso. Estuvo bordeando la blancura de la plaza, oculto. Hizo exactamente lo necesario para que no lo reconocieran: unas veces árbol, otras banco, fuente… se había hecho de un espacio, de un anonimato cotidiano.

Al cabo de muchos años, lo mataba la soledad e intenté cambiar su posición. Alguien descubrió su movimiento y todo el pueblo lo subió en un pedestal.

Cuando vengo a la plaza y juego, me acuerdo a veces que aún permanece subido allí, abandonadamente inmóvil, quien sabe si soporta todavía este sol bravo.

Santos López
No. 82, Julio-Agosto 1980
Tomo XIII – Año XVI
Pág. 199