¿Hiroshima hebrea?

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Según el profesor Agrest —que no vacilaba, en dicho estudio, en plantear hipótesis tan fabulosas, mostrando así que la ciencia… puede y debe abrirse a la imaginación creadora, a las suposiciones atrevidas—, la destrucción de Sodoma y Gomorra pudo deberse a una explosión termonuclear provocada por viajeros del espacio, ya fuese deliberadamente, ya a consecuencia de una destrucción necesaria de sus depósitos de energía antes de su partida hacia el cosmos. En los manuscritos del Mar Muerto se lee lo siguiente:

“Se elevó una columna de humo y de polvo, parecida a una columna de humo que brotase del corazón de la tierra. Vertió una lluvia de azufre y de fuego sobre Sodoma y Gomorra y destruyó la ciudad, el llano entero, todos los habitantes y la vegetación… Las gentes fueron avisadas para que abandonaran el lugar de la fabulosa explosión; de que no se detuvieran en lugares descubiertos, de que no contemplaran la explosión y de que se ocultaran bajo tierra… Los fugitivos que se volvieron fueron cegados y murieron.”

Pouwels y Bergier, en EL RETORNO DE LOS BRUJOS
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 222

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Sir James George Frazer

Sir James George Frazer

Sir James George Frazer

(n. 1 de enero de 1854, en Glasgow, Escocia – † 7 de mayo de 1941, en Cambridge, Reino Unido)

Fue un influyente antropólogo escocés en las primeras etapas de los estudios modernos sobre magia, mitología y religión comparada.

Frazer llevó una vida aislada y tranquila, y pese a la ceguera que padeció desde 1930, esa rutina le permitió escribir una impresionante cantidad de estudios, mientras ejercía la docencia. Recibió el título de sir y fue miembro de la Royal Society.

El mayor cuestionamiento a su obra La rama dorada es que su tesis no está suficientemente probada, pese a lo cual impresiona la capacidad de Frazer de relacionar distintos mitos y rituales de diversas culturas que parecen abonar muy seriamente la idea de que magia, ciencia y religión no marchan por caminos distintos.

Desde un pequeño problema, cuál era el de explicar la norma que regulaba la sucesión del sacerdocio de la diosa Diana en Aricia, Italia, la obra se multiplicó y ramificó, abarcando los mitos y dioses agrícolas, los mitos de la vegetación, las víctimas propiciatorias, la magia, los alucinógenos, los ritos de fertilidad, el temor a los muertos en el nacimiento de las religiones, y la religión misma.

Su tesis de que las fallas de la magia condujeron a las religiones, y que la ciencia no procede de modo muy distinto en sus ideas generales, fueron el centro de la controversia, que no invalida la idea de que percepciones y temores parecidos crearon parecidos mitos en todas las culturas; y que todas las culturas encerraron en sus mitos una similar intuición sobre el universo y un mismo sentimiento sobre su carácter sagrado, más allá del entendimiento.

Sus obras comprenden:

Totemism (1887), en la que se basó el famoso estudio de Sigmund Freud titulado Tótem y tabú,

Folklore in the Old Testament (El folclore en el Antiguo Testamento 1907–18),

Totemism and Exogamy (1910),

The Scapegoat (1913),

The Fear of the Dead in Primitive Religion (El temor a la muerte en la religión primitiva, 3 vols., 1933–36) y

Antología antropológica (4 vols., 1938–39).

Su obra principal fue The Golden Bough (La rama dorada), publicada en dos volúmenes en 1890 y que se incrementó hasta alcanzar doce volúmenes, que su propio autor redujo a uno, como síntesis, en 1922. Cuestionada y alabada, esta obra es un hito de los estudios sobre magia y religión e influyó en las obras de importantes escritores, como T. S. Eliot, W. B. Yeats, James Joyce y José Lezama Lima[1].

Muerte a distancia

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El emperador Romano Lecapeno fue informado por un astrólogo que la vida de Simeón, príncipe de Bulgaria, estaba ligara a cierta columna de Constantinopla, de tal modo que, si se quitase el capitel a la columna, Simeón moriría inmediatamente. El emperador aprovechó la insinuación y mandó que quitaran el capitel; más tarde, y habiendo ordenado que se hiciera una investigación, Romano Lecapeno llegó a saber que Simeón había muerto en Bulgaria de una enfermedad cardiaca, a la misma hora.

Frazer
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 220