El regreso

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Y un día regresaron a la tierra.

Nos enseñaron que no éramos ni animales, ni espíritus, ni seres humanos. Éramos robots.

Robots de carne, pues habían utilizado ese material para fabricarnos. Nos habían modelado a su imagen, pero de forma grosera, muy aprisa, sin pulir los detalles. Ellos eran los únicos seres humanos del planeta. Se fueron hacía mucho tiempo, y nos lo habían dejado. Porque eran indolentes, y porque nos habían concebido trabajadores, hábiles, con conciencia profesional y ambición. Durante siglos y siglos, habíamos sido los forjadores de una nueva Tierra.

Pero habían regresado.

Y en esa mirada sin vida que nos dirigieron no había ni gratitud ni indulgencia.

J. Sternberg
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 270

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El infierno propio

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El Infierno no ha sido creado por nadie. El fuego de un espíritu que se deja arrastrar por la cólera produce el fuego del Infierno y consume a su propio poseedor. Cuando un hombre obra mal, enciende el fuego del Infierno y se quema en su propio fuego.

Mulamuli
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 268

La amazona

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Yegua mía, mi hermosa yegua, iremos al bosque a no pensar sino en nosotras mismas.

El aire vivo, las sombras, los árboles, los retiros, los movimientos de tu movimiento —los fantasmas que arranca el furioso galope a los ramajes, y que tira luego a la nada, tras de sí—, los paisajes profundos que entreabre y cierra en seguida de tu carrera —y esa rara transparencia giratoria de los claros del bosque con sus columnas innumerables cuando se les atraviesa de prisa—, ¡que todo esto nos haga un sueño y una ausencia desatinada!

Que tu cuerpo conduzca a mi cuerpo. Yo soy bella como bella eres tú. Eres tú mía y yo soy tuya… ¡En marcha, hop!

Espera un momento para asegurarme el sombrero, para ponerme sobre el seno esta rosa roja y sólida, para que me entregue el escudero ese fino látigo.

No es para ti, bestia rubia. Es para esos jóvenes que no se atreven a jugar con el amor.

Paul Valéry
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 266