La amazona

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Yegua mía, mi hermosa yegua, iremos al bosque a no pensar sino en nosotras mismas.

El aire vivo, las sombras, los árboles, los retiros, los movimientos de tu movimiento —los fantasmas que arranca el furioso galope a los ramajes, y que tira luego a la nada, tras de sí—, los paisajes profundos que entreabre y cierra en seguida de tu carrera —y esa rara transparencia giratoria de los claros del bosque con sus columnas innumerables cuando se les atraviesa de prisa—, ¡que todo esto nos haga un sueño y una ausencia desatinada!

Que tu cuerpo conduzca a mi cuerpo. Yo soy bella como bella eres tú. Eres tú mía y yo soy tuya… ¡En marcha, hop!

Espera un momento para asegurarme el sombrero, para ponerme sobre el seno esta rosa roja y sólida, para que me entregue el escudero ese fino látigo.

No es para ti, bestia rubia. Es para esos jóvenes que no se atreven a jugar con el amor.

Paul Valéry
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 266

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