Borgiana

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Negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico, son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino —a diferencia del infierno de Swedenborg y del infierno de la mitología tibetana— no es espantoso por irreal; es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges, en OTRAS INQUISICIONES
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 280

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El arte de cazar cigarras

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Tchong-ni, durante su viaje a T ch´ou, vio en las cercanías de un bosque a un jorobado que atrapaba cigarras, como si estuviera recogiendo frutos o flores. Tchong-ni, dijo: “¡Qué habilidad! ¿Tiene usted un método?” “Sí —dijo el anciano—. Tengo un medio secreto. Durante cinco o seis meses me ejercité en equilibrar dos bolas sobre una pértiga; cuando dejaron de caer, muy pocas cigarras se me escapaban aún. En seguida, sostuve en equilibrio tres bolas; cuando no cayeron más, una cigarra de cada diez se me escapaba todavía. Por fin, coloque sobre la pértiga cinco bolas, y cuando ya no cayeron, no tuve más que recolectar a las cigarras. Para esto pongo a mi cuerpo inmóvil como un tronco de árbol y mi brazo tenso se parece a una rama seca. De tantas cosas que hay en el mundo no conozco más que las alas de cigarra: ya no me muevo más; no cambiaría por nada del mundo a las alas de cigarra. ¿Cómo podría no cazarlas?

Lie Tseu (traducción de Alejandro Jodorowsky, en EL CORNO EMPLUMADO
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 278

Satanás y el fisco

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A Satanás se recurre para tener el dinero que el fisco exige: en 1582 es condenada a la hoguera en París, como bruja, una tal Gantiére, quien, según sus confesiones, “había recibido ocho sueldos del diablo para pagar su impuesto y luego no los encontró dentro de su pañuelo”.

Giuseppe Faggin
No. 11, Abril 1965
Tomo II – Año I
Pág. 274