Rafael Mendoza

Rafael Mendoza

 

Rafael Mendoza

San Salvador, 1943.

Ha hecho estudios de derecho y letras. Por su trabajo literario, se le han conferido diversos premios, entre ellos, el del Certamen Centroamericano de la Asociación de Estudiantes  de Estudiantes de Derecho de El Salvador. También formó parte, de dos importantes colectivos: La Cebolla Púrpura y Cinco Negritos; y publicado en diversos medios importantes como: Revista la Universidad de la Universidad de El Salvador, Revistra Abra, de la Universidad José Simeón Cañas, UCA, El Salvador, entre otras.

La obra de Rafael Mendoza figura en varias antologías nacionales, centroamericanas y de otros continentes, siendo las más conocidas: Poesía Salvadoreña, Suecia, 1981; Por el combate y la esperanza, Santo Domingo, 1982; Arme y desarme, México, 1983; Poesía salvadoreña, México; Poesía de El Salvador, Costa Rica, 1983.

Ha participado en diversas lecturas de poesía, entre la que destaca el III Festival Internacional de Poesía de El Salvador, en homenaje a Pablo Neruda, 2004, auspiciado por la Fundación Poetas de El Salvador.

Entre su obra editada destaca: Los muertos y otras confesiones, poesía, San Salvador, 1970; Confesiones a Marcia, poesía, San Salvador, 1979; Testimonio de Voces, poesía, San  Salvador, 1971; Elegía a Media Asta, San Salvador, 1971;  Los Derechos Humanos, poesía, San Salvador, 1974; Entendimientos, poesía, San Salvador, 1977; Los Pájaros, poesía, San Salvador, 1987; Sermones, poesía, San Salvador, 1972. Homenaje Nacional, San Salvador, 1987[1].

Líquido poético

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Hecha la paz entre Ases y Vanes, se reunieron para escupir en una ánfora, simbolizando así el desprendimiento del mutuo odio abolido.

De la mezcla nació Vasir, criatura dotada de una sapiencia sobrehumana. Mientras los ex beligerantes celebraban su nacimiento, aprovechando la orgía reinante la nueva criatura fue matada por dos enanos que mezclaron la sangre del cadáver con miel, compuesto que conservaron escondido en tres calderos durante mucho tiempo. El tercero de estos, llamado Odrerir o Hidromiel, fue descubierto por unos inmigrantes que no supieron guardar en secreto las notables propiedades del elixir. Por eso muchos bebieron de él y se volvieron sabios y poetas. Desgraciadamente el Odrerir cayó en manos de Odín. En lo sucesivo sólo él podía determinar quién sería poeta; pero cuando lo robó cayeron varias gotas de licor y quienes ansiosos de imitar a los poetas iban  a lamer la tierra donde cayera el líquido sólo consiguieron convertirse en poetastros o simples versificadores.

 (Ibn Fadlan. 1265 – ?)

Rafael Mendoza
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 46

Se supone que el sistema nervioso es culpable de torcidas maquinaciones

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Casi fue en su origen que le metieron tantas cosas en la cabeza al cerebro. Si bien al comienzo sólo se trataba de un timbre de alarma (una señora de edad que abría rabiosa la puerta condenando con el puño a los niños que huían en desbandada), más tarde llegaron torneros, electricistas comenzando a desenredar la madeja, conectando a su antojo hilos y motores, dejando los resultados a la vista, una complicación que no termina nunca y en permanente corto-circuito. Kilómetros de finos engranajes quedaron sobrantes y sin destino con los cables sueltos. De ahí que los propios instaladores del sistema regresaran a su casa dominados por la esquizofrenia llegando en los extremos de su locura a inventar el cortaúñas, la bicicleta, el sartén, los guantes y otras sandeces.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 41