Equivocación

Aquella tarde la vi; han sido dos o tres veces quizá después de que nos separamos. Ocho años anduvimos juntos. ¡Y qué bien me acuerdo lo de la primera vez! Desde entonces me abandoné a su capricho: no pude manejarla. Pero con todo y eso era buena, nunca me dio dolores de cabeza. Con estar abastecida y tener sus menjurjes cotidianos a tiempo estaba satisfecha. Pero como todo tiene su fin, nos aburrimos y cada quien se fue por su lado llegado el momento. Me dolió la facilidad con que encontró nuevo dueño, casi al despedirnos…

Cuando nos hemos encontrado, siento que no me mira. Ha cambiado algo: se ve un tanto descolorida; por fin le enderezaron el trasero, y hasta le han puesto parrilla. El número de matrícula es el mismo…

Sergio Ovidio García
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 51

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