Los cirujanos también son víctimas de tentaciones

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Hay que reconstituir el cuadro. En primer término todo es legal. El cuchillo, la sangre, la situación, los atenuantes, los caprichos del artista, la posibilidad de hacer una contribución a su manera. Y aunque la enfermedad no sea grave hay que ponerse en el caso del cirujano cuando tiene todo un mundo por delante. Un cuerpo que le pertenece como en el primer día del mundo y que las circunstancias de la vida lo fueron atando en torno a un nombre y una colección de huesos y hasta es padre de familia y tiene domicilio reconocido. Y además, articuló como Dios manda sus células, se produjo cierto equilibrio en el edificio humano desde la piedra fundamental del alma hasta las uñas, todo enredado con venas, cartílagos, pieles y memorias. Entonces cómo no intervenir para romper este equilibrio y saltarle las amarras a la víctima, cambiarle el número de su cabeza, perforarle los recuerdos, dejarlo lisiado en el fondo de las tinieblas como en otros tiempos cuando por un lado avanzaba un solo ojo, nada más que un solo ojo, y por el otro la mirada, y por algún extremo el sexo de la humanidad, y por el camino contrario venían los hijos, el éxodo de los pequeños que fueron degollados, uno por uno, con una prolijidad que aún hoy asombra leyendo cualquier tratado de cirugía general.

Alfonso Alcalde
No. 67, Octubre-Diciembre 1974
Tomo XI – Año XI
Pág. 77

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