Armas de fuego, pajaritos y farmacias

66 top

A pesar de su buena predisposición para la familia, en sus tres mejores películas Cayetano Tenango fue un villano mujeriego, pendenciero y en extremo torpe. Amigo del juego y de la bebida en la ficción; en la vida real, a no ser por los cuatro hijos y la nena, se lo podría definir como un asceta de ternura contagiosa, y dado a hacer favores. Pájaros similares a los que alimentaba en el fondo de su casa, con los mejores mijos y alpistes del mercado, eran los que luego estrangulaba en las sesiones de malevolencia que registraban las cámaras. El bigote que usaba en la pantalla era postizo, como también lo era esa sonrisa despiadada (todo un hallazgo personal) que lo diferenciaba de otros actores de su mismo calibre. Seducido por el filtro informativo de la United Press, vivió honestamente equivocado; y, por su misma equivocación congénita, negó todos los movimientos populares. Desde su contradictoria posición hizo favores a sus vecinos, y todo el mundo fue bueno para él (salvo aquellos que la televisión y el diario reprobaban). Gracias a las gestiones que personalmente hiciera, su barrio consiguió veredas de mosaicos antideslizantes y luz en las calles. Maltrató niños, violó mujeres y mató por la espalda a infinidad de honestos ciudadanos, pero (fuera de las filmaciones) no soportó armas en su casa; y si no integró la Sociedad Protectora de Animales, fue porque los productores de sus películas, temerosos de una publicidad no deseada, lo disuadieron “por el bien del negocio”. Sufrió lo indecible cuando las revistas especializadas ignoraron su trabajo, pero nunca llegó a comprender que ese tipo de películas nada aportara al cine. Se esforzó buscando un papel distinto, del que luego la crítica pudiese decir que un actor, hasta entonces desaprovechado, había dado su primera muestra de real valor. Pero, ¿para qué negarlo?, él estaba hecho para matar gente por la espalda, golpear mujeres y reírse a carcajadas mientras comía. Por ese fatalismo donde la moral y el sustento se tocan, pensó seriamente en dejar el cine, hacer una sociedad con algunos farmacéuticos amigos y poner una cadena de negocios, pero se quedó en el proyecto. Cayetano Tenango murió baleado por las fuerzas del orden, en sus dos vidas al mismo tiempo, por una simple equivocación de utilería.

Rogelio Ramos Signes
No. 66, Agosto-Septiembre 1974
Tomo X – Año X
Pág. 739

Opina

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s