Del alquimista

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Saben positivamente, los que de tales cosas entienden, que en la ciudad de Aquisgrán, y a fines de la Edad Media, un judío alquimista halló el secreto de no envejecerse. Fortalecido por su pócima, que le permitiría vivir en todo vigor ciento cincuenta años más que el común de los hombres, dedicó la plenitud de sus días a buscar el secreto de no morirse. Dicen que lo halló, y que desde entonces, oculto en su oscura covacha, tropezado de telarañas y surcado de grueso sudor, busca aquel veneno poderoso sobre todos que le permita, al desgraciado, morirse.

Eliseo Diego
No. 60, Agosto-Septiembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 66

Sin consuelo

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Había hecho todo lo posible para que su vida fuera una complicadísima desdicha: él era el único culpable de todos sus infortunios. Cuando un investigador, para hacer un estudio comparativo sobre las tragedias humanas, le preguntó cuál era su mayor tormento, el más terrible de sus males, la más graves de sus desventuras, dijo el cuitado: “Creo que es la de no poder echarle a nadie la culpa de mis desgracias”.

Sergio Golwarz
No. 60, Agosto-Septiembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 64

René Batista Moreno

René Batista Moreno

René Batista Moreno

( Camajuaní el 22 de marzo de 1941. Camajuaní , en mayo de 2010)

René Batista Moreno. Escritor e investigador villaclareño. Es considerado por muchos «El más grande guajirólogo de la cultura cubana de los últimos años». En el ir y venir por el camino de fantasmagorías, no solo fue el investigador diligente, sino que culminó siendo todo un protagonista de arte natural y de maestría en el sentido del humor.

«El maestro», como le decían muchos cariñosamente, era un hombre ameno, transparente, corajudo, y esas cualidades lo convertían en un ser querido y respetado por los subordinados, a quienes él también respetaba. En la historia y en la literatura de arte quedó viva su obra como el más grande y didáctico concierto de sabiduría popular.

Radicó toda su vida en su pueblo natal desde donde colaboró con un gran número de publicaciones periódicas cubanas: Signos, El Caimán Barbudo, Bohemia, Juventud Rebelde, Unión, La Gaceta de Cuba, Mujeres y Vanguardia. Dejó más de 15 títulos publicados en los que reflejó tanto su poesía como el resultado de las investigaciones en las cuales procesó «material de desecho» obtenido de «gente sin importancia», devenidas en valiosa fuente de cultura popular tradicional y de historia.

Discípulo de Samuel Feijóo; siguió sus pasos desde la amistad iniciada en 1972. Fundó en 1969 el Taller Literario José de la Barca, de la revista Hogaño, antecedente de la editorial de igual nombre, la primera creada fuera de la capital después de 1959.

En 1971 alcanzó el Premio Nacional de Poesía Julián del Casal con su libro Componiendo el paisaje.

Principales publicaciones

Las parrandas de Camajuaní

Felo García

Músicos populares camajuanenses

Cabezones de Camajuaní

Camilo en el Frente Norte

Camajuaní folklórico

Los bueyes del tiempo ocre

Yo he visto un cangrejo arando

Ese palo tiene jutía

Paisaje habitado

Cuentos de guajiros para pasar la noche

La fiesta del tocororo

Fue miembro de la UNEAC y de la UPEC.

 

Ha sido merecedor entre otros reconocimientos de:

Premio Julián del Casal de la UNEAC 1971 (poesía) *Premio Fundación de la ciudad de Santa Clara 1992 (testimonio)

Mención en el Premio Anual de Investigaciones Culturales de la Casa Juan Marinello 2004

Premio Ser Fiel del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara, 2005 por el conjunto de su obra

Distinción por la Cultura Nacional 2006[1].

Mocho

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Y otra vez aquella idea, golpeándome. Yo miraba al rio dormido en las piedras, al ratón todo miedo, al majá todo hambre. Y otra vez aquella idea, golpeándome. Mamá con la mariposa de sus pulmones enferma: papá, borrándose en el corral de muertos, mis hermanos: todo vientre; y yo, buen machetero, ¡doscientas cincuenta arrobas diarias a veinticinco centavos el ciento! El repetir las mismas palabras: ¡Mamá, qué bien está usted hoy! ¡Vamos a la cama, hermanos, para que el sueño se coma toda el hambre! Y aquella idea otra vez, golpeándome. Y aquella idea se hizo todo cuerpo, los dientes apretados, el sol llorándome en los ojos, las lágrimas distorsionando los macheteros, las cañas, las carretas. Y el porrón ahora yunque. Y el ¡corta, mocha, bajo la tercera falange! Y el cielo unido a la tierra, y el sol dando tumbos contra las nubes, y la sangre sobre el verde de los cogollos. Y otra vez aquella idea, golpeándome: ¡doscientos pesos el dedo índice hasta la tercera falange!

René Batista Moreno
No. 60, Agosto-Septiembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 60