Ilusión y realidad

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Aunque yo la amaba con toda mi alma, o tal vez precisamente por ello, no hacía el menor caso de mi persona: ni siquiera se dignaba reparar en mi desdichada existencia. Pero un día, al pasar cerca de mí, observé con asombro que me sonreía.

“¿Viste?” —le dije a mi mejor amigo—, ¿viste…? ¡Me sonrió al pasar!” “¡Qué estúpido, qué iluso eres! —me contestó el ladrón de ilusiones—. No me sonrió… te regaló una sonrisa que le sobraba…”

Sergio Golwarz
No. 60, Agosto-Septiembre 1973
Tomo X – Año X
Pág. 70

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