Golpeando la magia

Se acomodó sobre la silla. Sus piernas se retorcieron formando nudos de madera. De sus brazos brotaron ramas y los pájaros de porcelana se posaron en ellas.

Cuando quiso hablar su boca se volvió hueca y el aserrín hacía cosquillas en el paladar. Recordó lo que acababa de decir en la fiesta:

“Nuestra creatividad no tiene límites”

Y las nuevas hojas se removían al compás de su mágica excitación.

Pero, de un golpe, uno de los invitados arrancó una rama del árbol para llevársela de regalo a su hijo pequeño: “Porque es un árbol que crece en las salas de las casas” —dijo a los demás invitados—.

Magdalena Sofía
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 191

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El espectador siempre tiene la razón

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Una bailarina que practicaba en público el desnudo total, llevada por un exceso de entusiasmo dejó caer un seno en el escenario. Luego invitó al más curioso de los espectadores a mirar por ese ojo prohibido. En el fondo de la pieza estaba tejiendo una señora de edad de aspecto respetable. Afuera llovía sin consuelo y hasta se escuchaba un piano triste, blando, sonado muy bajo, suave como si tuviera frío, lo que no era efectivo.

Alfonso Alcalde
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 189

Lilia Morales y Mori

Lilia Morales y Mori

 

Autorretrato Fractal

Lilia Morales y Mori

(22 de febrero de 1946, México D.F) 

Vivió los primeros cinco años de su vida en el Distrito Federal, los siguientes veinte años radicó en la ciudad de Monterrey. A los 25 años regresó a la ciudad de México. Después del terremoto del 85 emigró al puerto de Veracruz permaneciendo en esta ciudad varios años para retornar nuevamente al D.F. Más tarde vivió cinco años en Cuernavaca  y actualmente radica en la ciudad de Toluca.

En su entorno familiar los libros eran la presencia dinámica que le daba vida al lugar favorito de su casa, la sala de lectura, espacio que su padre, gerente de una prestigiosa editorial, procuró dotar de una buena colección de libros. Desde pequeña, a partir de los 12 años leyó con inusual perseverancia tratados de matemáticas, filosofía, ciencia, literatura y arte en general. Se aficionó a tal grado a dichas disciplinas que éstas han sido el sustento intelectual de toda su vida.

A la edad de 10 años sufrió la enfermedad de Huntington, vulgarmente conocida como Mal de San Vito. El diagnóstico no fue nada alentador, ya que se esperaba tuviera trastornos cognoscitivos y psiquiátricos y posiblemente una muerte temprana. Nada de eso sucedió, en cambio durante los meses (casi un año) de la enfermedad y la convalecencia nunca perdió la capacidad de pensar ni de coordinar lógicamente sus ideas. Aunque su aspecto físico, totalmente deteriorado y la imposibilidad de controlar cualquier músculo de su cuerpo hacían suponer todo lo contrario. No obstante dicha enfermedad  la marcó para siempre como una persona solitaria, que conservaría como sus mejores amigos a los libros, con los cuales habría de dialogar cientos de veces en la intimidad de sus pensamientos.

A los 12 años su capacidad creativa se desbordó a tal grado que inició una intrépida carrera desarmando y volviendo a armar cuanto aparato eléctrico o mecanismo de cuerda estuviera a su alcance. Al mismo tiempo iniciaba la escritura de su primer libro que tituló “Apuntes Importantes” donde incluía a manera de un detallado instructivo, las ideas que debía desarrollar. Anotaba con sumo cuidado sus observaciones y dibujaba cada una de las ilustraciones a todo color, diagramas que muy pronto se convertirían en sus primeras invenciones de juegos y modelos matemáticos, que no ha dejado de crear hasta la fecha, suman más de cincuenta los cuales están registrados con copyright en Washington, en la librería del Congreso.

Su libro de Apuntes Importantes, incluía también algunos poemas, breves cuentos y narrativa en general. Su primer poema lo escribió a esa edad, un par de semanas después de haber escuchado y conocido personalmente en el Centro Asturiano Español de la ciudad de Monterrey al gran poeta español Pedro Garfias.

Realizó sus primeros estudios en un colegio católico a lo largo de once años y después de cursar el bachillerato ingresó a la Universidad Autónoma de Nuevo León a la Escuela de Arquitectura donde sólo cursó tres semestres, no obstante de haber obtenido el primer lugar en el examen de admisión y de haberse destacado principalmente en el área de diseño. En 1980 después de haber tenido a tres de sus cuatro hijos, ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar la carrera de Biología en la Facultad de Ciencias. Realizó trabajos de investigación en el Centro de Estudios Nucleares de la UNAM y en el Instituto de Enfermedades Tropicales. Más tarde se desarrolló como investigadora biomédica en el Centro Médico Nacional del Instituto Mexicano del Seguro Social, en el departamento de Bromatología y Cirugía experimental.

Su primera publicación (1971) fue un breve texto que le publicó la revista “El cuento, revista de imaginación”. Durante sus años universitarios escribió algunas narraciones de ciencia-ficción. La Universidad y el gobierno de Guanajuato le otorgaron el primer lugar en el Certamen Literario de Ciencia-ficción, realizado a nivel nacional, con el cuento “Huka-Yami”. En la revista de divulgación científica de CONACYT, Ciencia y Desarrollo publicó un par de artículos: “La Cuerda Florentina” y “El gran Cubo y las Fiestas de Sike” donde desarrolla conceptos de su modelo matemático sobre Espacios Polivariantes.

Dos terribles circunstancias truncaron por completo su gran anhelo de ser científica. Primero cuando su pequeña hija de apenas tres años y medio de edad enferma de cáncer y después cuando tiene que emigrar a la ciudad de Veracruz a raíz del terremoto. En esa época no había ningún lugar en el puerto donde se ejerciera la investigación biomédica. Durante algún tiempo divagó en diversas actividades, ingresó al Instituto Veracruzano de Cultura como coordinadora de los talleres literarios en la Casa Salvador Días Mirón, donde también impartió un taller de teatro infantil. Su peculiar espíritu versátil la llevó incluso a formar parte de un grupo de teatro y sin proponérselo pronto se vio involucrada en una obra teatral (El sueño de los peces) en la cual representó el papel protagónico. Después de presentarse en el teatro principal de la ciudad y en otros escenarios, fue invitada para actuar en las obras “Rosa de dos aromas” y en “Vida y Música de Agustín Lara”.

Declinó ambas invitaciones y en la soledad de su estudio, en un departamento frente al mar, inició la escritura del poema RABORÁ el cual concibió como un homenaje a los poetas malditos. En ese tiempo también escribió un cuento para niños “Los colores del Arco Iris” y una narración para adultos “El mural de la cantina”, así como otros poemas que representaron su producción literaria de esa época, ya que la mayor parte del tiempo lo dedicó principalmente a la invención de juegos y modelos matemáticos entre los que destacan:

El Ajedrez Topológico. La Cuerda Anudada en el Espacio. Módulo 16, e Hipercubo, el cual subtituló “Apuntes sobre los cortes tridimensionales del cubo y los juegos derivados de su funcional estructura”. Para explicar la construcción y desarrollo del Hipercubo, escribió un libro con detalladas y precisas instrucciones con las cuales era posible crear infinidad de superficies a partir de un cubo. Incluso desarrolló una fórmula matemática que dice: “Cuando el número de cortes tridimensionales de un cubo es infinito, su superficie tiende a cero”. El libro se encuentra en Washington en la Librería del Congreso donde puede ser consultado el original.

Durante su estancia en Veracruz, publicó algunos dibujos, poemas y cuentos en varias revistas y periódicos. También participó en un par de Exposiciones Colectivas de Pintura.

Meses después ingresó a la revista Fases como coordinadora editorial. Escribió un par de ensayos que fueron publicados en la misma revista: “Cuadrados mágicos y diabólicos” y “El 9, ese número misterioso”

A la edad de 46 años regresa a la ciudad de México. Trabaja un par de años en la Fundación Arturo Rosenblueth en el área de computación y diseño. A los 48 años funda un centro de capacitación e investigación para el Desarrollo de las Habilidades del Pensamiento. Durante un par de años viaja impartiendo capacitación en diferentes empresas. Ese mismo año ingresa al movimiento de Poesía Visual llamado el No-Grupo. En 1996 participa en la V Bienal Internacional de Poesía Visual Experimental donde expone una instalación. Uno de sus poemas visuales fue seleccionado para la Antología Poética Conmemorativa que se publica en Italia. Un par de meses después se escenifica su poema RABORÁ en el Museo Universitario del Chopo y en la Casa de Cultura Sinac.

A los 49 años la invitan a un casting para conducir un programa de televisión para la telepreparatoria rural en el área de matemáticas. Gana el casting y se desempeña durante ocho meses en dicho proyecto televisivo. Justo el mismo día en que cumple cincuenta años presenta su primer libro de poesía “Oráculo” en el Museo José Luis Cuevas. La obra poética construida a partir de un modelo matemático es un generador de miles de “poemas oraculares”. Otra circunstancia particular de este libro es el hecho de estar acompañado de un hermoso y complejo juego de tablero impregnado de símbolos y reglas particulares que distinguen al ganador de la contienda con la obtención de su propio poema oracular.

En el 2000 viaja a España con la intensión de permanecer un año en Barcelona para escribir su novela Sincronía, fatalmente un día antes de salir sufre un asalto en el que es despojada del dinero y los documentos del banco. Sólo puede permanecer en Barcelona un mes, tiempo suficiente para elaborar la estructura general de la historia e iniciar los primeros capítulos. En noviembre de 2012 inicia la publicación de la novela por entregas en la red.

En el 2005 es ponente en el Congreso Transhumanista TransVision2005 en Caracas, donde presenta uno de sus modelos matemáticos, “Operación Minotauro”, proyecto experimental en robótica que plantea la posibilidad de establecer conductas básicas de aprendizaje, conciencia y creatividad.

A partir de esa fecha no vuelve a participar en ningún evento público. Se aparta de la vida “real” e inicia una profunda relación con el mundo virtual a través de Internet. En el 2010 diseña la portada para la novela de ciencia-ficción “Alfa Centauri”, del escritor italiano Marco Santini, al mismo tiempo que realiza la traducción del inglés al español, de dicha novela.

En el 2010 adquiere la nacionalidad española de origen de la región catalana con el nombre de Lilia Morales Mori

En los últimos tres años ha realizado y publicado en YouTube 16 videos elaborados con sus diseños fractales e interfractales.

En agosto del 2013 publica en internet su primer libro electrónico. “Espejismo Fractal” con una recopilación de su obra poética, cuento y ensayo. La edición electrónica del libro “Oráculo, el Juego de las Sentencias” estará disponible en internet en un par de meses.

Actualmente continúa escribiendo la novela Sincronía y un e-book titulado “Hacia la Creatividad Cuántica”. Mantiene en constante actualización ocho blogs, principalmente de carácter literario y de divulgación científica[1].

 

 

 


[1] Biografía enviada por la propia Lilia Morales y Mori por e-mail.

Cambio cualitativo

Tras largos milenios de incesante esfuerzo, el hombre llegó a ser perfecto. Y quedó estático, en la arrobada contemplación de lo infinito, a través del potente telescopio de sus sentimientos. Más en la abstracción de la lente emotiva, la luz de una idea alcanzó a cruzar como una estrella fugaz y recomendó la lucha. El hombre perfecto había adquirido consciencia de ser un ángel demasiado imperfecto.

Eduardo López Rivas
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 188

Génesis 28:12

“Y soñó, he aquí una escala que estaba apoyada en la tierra y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella”. Con lo cual, afirmó el escéptico, queda demostrado que las escaleras eléctricas ya estaban inventadas…

Ricardo Fuentes Zapata
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 185

Balada de las hojas más altas

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Nos mecemos suavemente en lo alto de los tilos de la carretera blanca. Nos mecemos levemente por sobre la caravana de los que parten y los que retornan. Unos van riendo y festejando: otros caminan en silencio. Peregrinos y mercaderes, juglares y leprosos, judíos y hombres de guerra pasan con presura, y hasta nosotros llega a veces su canción.

Hablan de sus cuitas de todos los días, y sus cuitas podrían acabarse con sólo un puñado de doblones o un milagro de Nuestra Señora de Rocamor. No son bellas sus desventuras. Nada saben, los afanosos, de las matinales sinfonías en rosa y perla, del sedante añil del cielo en el mediodía, de las tonalidades sorprendentes de las puestas del sol cuando los lujuriosos carmesíes y los cinabrios opulentos se disuelven en cobaltos devaídos y en el verde ultraterrestre en que se hastían los monstruos marinos de Böcklin.

En la región superior, por sobre sus trabajos y anhelos, el viento de la tarde nos mece levemente.

Julio Torri
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 181

El ahorro siempre beneficia a los moribundos

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En un mismo tren van dos pasajeros desconocidos que tienen igual identidad, la misma cantidad de vivencias y pavores, similar estatura y rostro. Cuando se produce el choque a la altura de la estación Las Tralcas, las dos imágenes —como es obvio— se juntan. Sólo el pasajero que venía en primera clase queda un poco descentrado del molde original. El resto coincide en todo de tal manera que el sacerdote al darles la extremaunción se ahorra la ostia, lo que no es poco decir,

Alfonso Alcalde
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 179

A distancia

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Esto me lo dijo el Pipe. Dice que le pasó a un vecino de Monte Grande. Que era veinticuatro, y que él estaba en eso de los puercos y ese vecino iba para casa de un familiar a una fiesta. Por el camino por donde él iba, a una distancia cerca, también iba caminando una mujer muy gorda, gordísima, que llevaba un vestido morado con muchos remiendos de colores. Dice que llevaba un pañuelo amarillo en la cabeza y que iba descalza. Y dice que se movía despacio. Y dice que trató de alcanzarla por el camino porque le llamó mucho la atención una mujer tan rara, y para verla bien, porque dice que parecía que llevaba los dedos pintados de colores, apuró el paso. Pero dice que en seguida notó que sin cambiar la mujer el paso, la distancia no disminuía. Corrió para alcanzarla. Ella seguía caminando lentamente y él llegó a su destino. Y óigame, dice que la mujer siempre estaba a la misma distancia.

Manuel Cofiño López
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 175

Praxis

Se desperdicia mucha fuerza vital cuando dejamos a los sonámbulos realizar sus actividades sin perseguir una finalidad constructiva.
Por eso en la población de Sigmunda se estableció el Instituto Programador para alimentar de trabajadores nocturnos al Centro de Producción, el cual los aprovecha sin otro gasto que el de un hipnotizador que mantiene dormidos y activos a esos sonámbulos amaestrados.

José Barrales V.
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 174

La camisa del hombre feliz

En el vetusto edificio, tan lúgubre por fuera como por dentro, los internados del psiquiátrico ambulaban indiferentes. Pero a la mayoría de aquellos desgraciados les manaban torrentes de felicidad ¡vaya usted a creerlo!, muy al contrario del hombre feliz, al quitarles su camisa… de fuerza.

Sergio Ovidio García
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 173

El principio

El principio nació una tarde que no existía y se cegó con la luz, que era hermana de las sombras y pensaba estrangularla para siempre.

El principio se sentó en el infinito a bostezar, a pensar en el tiempo que por las noches se distraía pintando arrugas a las aguas y dibujando números de siglos.

Después todos durmieron y comenzó a girar la tierra y rodó en el infinito y en el tiempo y se plegó de luz y de tinieblas y se bañó desnuda con las aguas.

Esto sucedió aquella noche inmensa en que Dios lloró en silencio al contemplar que estaba solo y nos regaló la angustia y la conciencia, los colores y el perfume, y nos barnizó de mentiras y sonrisas y nos cubrió de maldad, de llanto y con el bochornoso interrogante de la muerte.

(Seguí soñando a gritos y a mordidas y desperté receloso en aquella blanca camilla que me llevaba al manicomio).

Holmes Ocaña González
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 170

El niño del cuento

Esta narración me la hizo
mi hija Elka, de 4 años de
edad, el día del Padre,
cuando regresábamos de
La Vega. Lo único mío es el
título…

“El niño del cuento tenía 4 hermanitos que eran un Perrito, un Patito y un Pajarito. Un día el Perrito tiró al Patito en un estanque con agua porque el niño siempre estaba jugando con el patito, pero como el patito sabía nadar no se ahogó y se fue nadando. Entonces vino un ALAGARTO “VAPOROSO ” (PAVOROSO) y se trepó encima del patito y entonces vino un tiburón MUY grande y se los comió. El Perrito estaba muy contento porque no quería al patito. El patito gritaba dentro de la barriga del tiburón: ¡auxilio! ¡socorro!

El niño buscaba su patito, pero como no lo encontró, se puso a llorar en un banco. Entonces vino un pajarito y le dijo que el tiburón se había comido al Patito.

Entonces…

“Y bueno ¿qué hizo el niño entonces? Interrumpí la narración, ansioso e tener una respuesta y de saber el desenlace de la historia… “Entonces… Me contestó mi hija con desenfado: “Yo que sé, DIPARATE” y no habló más ni del niño ni del cuento.

Torpemente había cortado yo la espontaneidad a la artista.

Luis A. Schekar O.
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 167

A mis zapatos

Y yo contemplaba cuidadosamente mis zapatos como si estos hubiesen desarrollado un afecto especial para mí, como si de noche, a falta de mis pies, se sintieran fríos y solos. No sé cuántas veces, bajo el efecto estridente de la hora de comer, me he mofado de sus suelas grises, pobrecillas, que han conocido la humillación constante de la ciudad. Y pensar que parecen inexpertos, quizá insignificantes: recién nacidos en día de lluvia… Al día siguiente son espejos y otro más y son alondras. Y sin embargo son siempre mis zapatos, saludándome en la piecera de los días, reconociéndome paso a paso, lamiéndome los pies, fieles cachorros apátridas y huérfanos. Ahora se inclinan sobre mí, acariciándome, pidiéndome un poco más de cariño, ahora lanzan pequeños gemidos rítmicos. Las agujetas son sus lenguas o sus brazos que se aferran a la seguridad de Yocaminando o de Yoparada o Yocontemplándolos, una mañana de niebla como hoy. Y ellos me sonríen temerosos desde su estante indescifrable. En más de alguna ocasión ha habido quien los evoque como esclavos a ras del piso, como pobres… como los que lloran paso a paso de la vida. Pero son mis zapatos. Y me lamen los pies.

Beatriz Álvarez K.
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 165

Manuel Cofiño López

Manuel Cofiño López

Manuel Cofiño López

(1936-1987)

Narrador, poeta e investigador literario cubano. Escritor de masas, uno de los exponentes principales del llamado “realismo socialista” en la Isla.

Manuel Cofiño cursó la primera enseñanza y el bachillerato (1950-1955) en La Habana, ciudad en la que nació. Después del triunfo de la Revolución trabajó como profesor de español y economía política, e investigador y redactor de textos del Ministerio de Industrias. Fue jefe de la cátedra de Ciencias Sociales y vicedirector docente del Instituto Preuniversitario de La Habana (1962-1966). Se desempeñó como asesor de la Dirección Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura durante varios años. En el año 1968 asistió como delegado del Ministerio de Justicia al Congreso Cultural de La Habana.

Colaboró con numerosas publicaciones periódicas entre las cuales se destacan El país Gráfico, Prensa Libre, Bohemia, Revolución, Verde Olivo, El Mundo, La Gaceta de Cuba, Romances, Mujeres, Casa de las Américas, Con la Guardia en Alto, Unión, El Caimán Barbudo, Cuba, Papeles de Son Armadans (Palma de Mallorca), Ahora (Santiago de Chile), y Tribuna(Rumania).

Su novela premiada Cuando la sangre se parece al fuego, ha sido traducida al eslovaco, al rumano, al inglés y al ruso, idioma al que también han sido traducidos sus cuentos y poemas.

En 1969 obtuvo mención en el Concurso David por su libro de poemas Meditaciones y argumentos del transeúnte, y el premio de cuento del Concurso “26 de Julio”, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), por Tiempo de cambio. Ganó el premio de novela de 1971 en el Concurso Casa de las Américas por La última mujer y el próximo combate, obra que constituye un hito de la narrativa social cubana y que ha sido traducida a más de 25 idiomas. En 1972 ganó el premio de cuento en el Concurso Infantil “La Edad de Oro” por Las viejitas de las sombrillas. En el Concurso UNEAC 1975 obtuvo mención por su novela Cuando la sangre se parece al fuego.

Manuel Cofiño legó una obra de hondo aliento social, con profundas raíces nacionales y dejó testimonio de la realidad cubana de los años sesenta y setenta con rasgos vigorosos. “Toda mi obra tiene una base factual -decía Cofiño–. La realidad me sirve como trampolín para hacer una nueva realidad artística.” Afirmaba además: “mis personajes son mis contemporáneos, suben al ómnibus conmigo, caminamos juntos. Ellos me acompañan siempre”.

En el prólogo a una de las ediciones de La última mujer y el próximo combate, el crítico literario Manuel Rojas advierte este profundo compromiso y su resonancia particular en el panorama literario de los años setenta: “La narrativa cubana, con esta novela, va más allá de la lucha clandestina, de lo periférico o lo puramente poético, y entra en lo que la revolución está ahora: en la construcción. Es una obra de este momento: los héroes que combatieron pasan a ser los héroes que trabajan”[1].

Un destino

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La Nati, no sé qué tiene esa mujer, rara es. Cuando llueve camina sin apurarse bajo la lluvia. Esa mujer tiene algo raro porque uno no puede verla caminar, moverse así como lo hace, sin creer que todos los hombres la siguen arrastrándose, tratando de besarle las pantorrillas. Uno no puede mirarla u rato sin darse cuenta que es más una hembra que todas las hembras de aquí juntas; que tiene que sentir el jadeo de todos los hombres que la siguen, los labios de todos los hombres que quieren llegarle a los muslos, los dientes de todos los hombres que quieren llegarle a las caderas, las lenguas de todos los hombres que quieren lamerle las pantorrillas. Uno mirándola andar, así como anda, moverse como se mueve, piensa que debe sentir el vaho de todos los hombres subiéndole por los muslos. Uno, mirándola quieta, se da cuenta que ningún hombre podrá tener a esa mujer, porque es demasiada mujer para un hombre; pero cuando echa a andar, uno se da cuenta que esa mujer nunca será de nadie porque una mujer así no puede ser de nadie. Uno la mira y no sabe qué tiene esa mujer, algo así que parece más mujer que todas las mujeres juntas. Y, aunque ella trata de disimularlo, aunque ella, desde que está con él, trata de parecer decentica y de su casa, uno, cuando la ve caminando, moviéndose así como lo hace, se da cuenta que el más leve gesto suyo, que hasta la señal de la cruz que hace cuando caen los truenos, su más decente gesto, es más indecente, mil veces más excitante y turbador que si todas las mujeres que hay aquí se desnudaran al mismo tiempo. Yo no sé qué tiene esa mujer, pero da la impresión cada vez que uno la mira, que por una fracción de segundo uno no la ha visto desnuda porque acaba de tirarse la ropa de encima para que uno se muera del brinco de la sangre. Pero esa sensación de que nos ha salvado la vida dura poquito porque en seguida, con tal de que uno siga mirándola lo suficiente, ve caer sus vestidos en pedazos y regarse por el suelo. Uno la mira y siente que esa mujer ante los hombres siempre estará desnuda. Yo no sé qué tiene esa mujer. Algo raro que no se sabe de dónde le viene, qué es, pero parece más mujer que todas las mujeres juntas. Uno no tiene más que mirarla para que la sangre se ponga pastosa y se le trabe a uno la vida entre las piernas. Esa mujer no sé qué tiene. ¡Es como un destino!

Manuel Cofiño López
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 164

Luis Darío Bernal Pinilla

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Luis Darío Bernal Pinilla

Nació en Bogotá (Colombia) en 1950. Abogado con un posgrado en Economía y Ciencias Políticas, se dedica a la literatura desde 1979, año en que obtuvo el Premio Nacional de Novela Infantil con su obra Catalino Bocachica. Su quehacer como escritor está ligado a una constante preocupación por incentivar y promover la lectura en niños y jóvenes. En este campo ha colaborado como consultor con organismos de fomento a la lectura y con diversos periódicos y revistas de América Latina y España.

Premios que le han sido otorgados:

– Premio Nacional de Novela Infantil (1979)

– Premio en Concurso Internacional de Cuento Pola de Lena, España. (1980)

Obras del autor en catálogo:

• Catalino Bocachica (franja naranja)

• Fortunato (franja azul)[1]

El ejecutivo

No se cansaba de aspirar casi con todo su cuerpo el olor a nuevo de su moderna oficina ni de palpar durante oníricos instantes las letras doradas en alto relieve de su chequera que sobresalía del bolsillo estilo londinense lo suficiente para que con cualquier disimulado ademán pudiera ser percibida por sus amigos cuando al visitarlo anotaban que sus corbatas salían con los tapetes de colores gruesos que no le dejaban sentir frio mientras jugaba con el dedo delgado del pie derecho a seguir cuidadosamente los contornos de los rombos de lana con el mismo suspenso de un suave recorrido de sus dedos por el pudor de tantas amigas que entre beso y fuego le ayudaban a controlar su cuenta corriente y su úlcera que tras cada whisky lo colocaba en aquellas noches en que a medio comer tenía que aprender que el derecho era el arte de lo bueno y de lo equitativo para los romanos más no para los cristianos que no tenían capacidad de comprar negros y castrarlos ni hacer una tour por el mediterráneo como un profesor de internacional quien después de cada viaje por Europa les aseguraba que la mujer francesa tenía algo de De Gaulle en su porte y en su genio y les confesaba que afortunadamente a Colombia nunca llegaría el comunismo pues Bavaria no dejaría que los obreros salieran del trabajo para la casa a fabricar más problemas al país cuando la cerveza de auténtica maduración los esperaba cada tarde como aquellas en que detrás de la cafetería de la universidad escribía los comunicados denunciando la penetración imperialista en el país y emplazando a todos los estudiantes conscientes a que se lanzaran a la calle en solidaridad con los maestros caídos en combate con la fuerza disponible en aquellos días para acabar con los cabecillas del movimiento revolucionario que al ritmo de la internacional se recogían en su casa a las seis de la tarde a escuchar con un poco de estímulo la increíble batería de Santana.

Luis Darío Bernal Pinilla
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 161

Gabriel D´anunnzio

Gabriel D´annunzio

Gabriel D´anunnzio

 Gaetano Rapagnetta, nombre real del poeta, nació en Pescara, Italia, en 1863.

Perteneciente a una familia burguesa, se educó en un prestigioso colegio e ingresó luego a la Universidad de Roma para estudiar Filosofía y Letras, carrera que dejó inconclusa por su interés en la poesía, el drama y la novela.

Después de varias publicaciones en las que mostró su inclinación por la escuela decadentista y simbolista, alcanzó la fama con sus novelas  “El placer” en 1889 y “El triunfo de la muerte” en 1894. “Alción”, su trabajo poético más destacado, fue publicado en 1904.

Derrochó su fortuna, y ya arruinado se trasladó a Francia en 1910 para huir de sus cuantiosos acreedores. A su regreso a Italia durante la I Guerra Mundial, participó en política y se alistó en el ejército transalpino.

En sus últimos años militó en el fascismo y se retiró a su villa de Lago de Garda donde falleció en marzo de 1938[1].

El ruiseñor cantaba

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El ruiseñor cantaba. Primero lanzó como un grito de júbilo melodioso, unos trinos fáciles que cayeron en el aire con el ruido de perlas que saltan sobre los cristales de una armonía. Sucedió una pausa. Un gorjeo se levantó agilísimo, prolongado extraordinariamente, como para dar una prueba de fuerza, como un desafío a un rival desconocido. Hubo una segunda pausa. Un tema de notas, de un sentido interrogativo, pasó por una cadena de variaciones ligeras, repitiendo la pregunta cinco o seis veces, modulado como por una flauta de caña. Tercera pausa. El canto se convirtió en alegría, se desarrolló en un tono menor, suavizose como un suspiro, se debilitó como un gemido; expresó la tristeza de un amante solitario, de un deseo vano, de una espera falsa; lanzó un grito final, agudo como un clamor de angustia, y calló. Otra pausa, más larga. Se oyó entonces un acento nuevo, que no parecía salir de la misma garganta, tan humilde, tímido y débil era: tan parecido al piar de los pájaros que nacen; luego con una volubilidad admirable, aquel acento ingenuo se convirtió en una progresión de notas siempre más rápidas, que sonaron alocadas de trinos; vibraron en gorjeos nítidos, clamaron en notas agudísimas, disminuyeron,, crecieron, alcanzaron la actividad de la voz de una tiple.

El cantor se embriagaba en su propio canto. Con pausas tan breves que casi no daban tiempo a que las notas se sucedieran unas a otras expandiendo su sonoridad: exhalaba su entusiasmo en una melodía siempre varia, apasionada y dulce, sumisa y vibrante, ligera y grave, tan pronto cortada por quejas lastimosas como por escalas impetuosas que expresaban el deseo; ya el furor, ya la evocación suprema. Parecía que el jardín escuchara, que el cielo se inclinara sobre el árbol melancólico desde cuya copa un poeta tan acabado vertía tales torrentes de armonía. La selva de las flores tenía una respiración profunda y callada. Algunos resplandores claros aparecían aún en la zona occidental; y aquella última mirada del día era triste, casi lúgubre. Pero una estrella apunto, viva y temblorosa, como una gota de luminoso rocío.

Gabriel D´annunzio
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 157

Entregas

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Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, se aletargan, fallecen, se reintegran, se distienden, se enarcan, se menean, se retuercen, se estiran, se caldean, se estrangulan, se aprietan, se estremecen, se tantean, se juntan, desfallecen, se repelen, se enervan, se apetecen, se acometen, se enlazan, se entrechocan, se agazapan, se apresan, se dislocan, se perforan, se incrustan, se acribillan, se remachan, se injertan, se atornillan, se desmayan, reviven, resplandecen, se contemplan, se inflaman, se enloquecen, se derriten, se sueldan, se calcinan, se desgarran, se muerden, se asesinan, resucitan, se buscan, se refriegan, se rehúyen, se evaden y se entregan.

Oliverio Girondo citado por Gustavo Sainz
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 158

Gustavo Sainz

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GUSTAVO SÁINZ

México, D.F., 1940

Narrador, ensayista y guionista. Nació en la Ciudad de México el 13 de julio de 1940. Estudió Leyes y Letras Españolas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Fue director de las revistas Claudia y Caballero. Fundó las revistas Eclipse y Audacia. Asesor editorial de la Secretaría de Educación Pública (1976-1979); fundador de la Colección SepSetentas y el calendario Ramón López Velarde. Profesor en la UNAM (1972-1977). Jefe del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (1975-1977). Director literario de la editorial Grijalbo. Director del Departamento de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes (1977-1981).

Es investigador y profesor de literatura española en la Universidad de Nuevo México, en Alburquerque, desde 1982, además de profesor de literatura en la Universidad de Bloomington, Indiana.

Dentro de su obra sobresalen: Antología de la poesía erótica (Orientación, 1972), Jaula de palabras. Una antología de la nueva narrativa mexicana (Grijalbo, 1980), Corazón de palabras (Cuentos eróticos, Grijalbo, 1981), Los mejores cuentos mexicanos (Barcelona, Océano, 1984); Gustavo Sáinz. Autobiografía. Nuevos escritores mexicanos del Siglo XX presentados por sí mismos (Empresas editoriales, 1996); Autorretrato con amigos (Ensayo, 1967).

Novelas: Gazapo (Joaquín Mortiz, 1965), Obsesivos días circulares (Joaquín Mortiz, 1969), La princesa del Palacio de Hierro (Joaquín Mortiz, 1974), Compadre lobo (Grijalbo, 1976), Ojalá mueras y otras novelas clandestinas mexicanas (Barcelona, Océano, 1982), Fantasmas aztecas (Grijalbo, 1982), Paseo en trapecio (Edivisión, 1985), Muchacho en llamas (Grijalbo, 1987), A la salud de la serpiente (Grijalbo, 1991), Retablo de inmoderaciones y heresiarcas (Joaquín Mortiz, 1992), La muchacha que tenía la culpa de todo (Monterrey, Castillo, 1995), Salto del tigre blanco (Joaquín Mortiz, 1996), Quiero escribir pero me sale espuma (Plaza & Janés, 1997) y Con tinta sangre del corazón (Plaza & Janés, 2000).

A lo largo de su trayectoria como creador ha recibido varios reconocimientos: Becario del Centro Mexicano de Escritores (1962-1963); Beca de la Fundación Ford 1968; Premio Xavier Villaurrutia 1974, por La princesa del Palacio de Hierro; Beca de la Fundación John Simon Guggenheim, 1974; Beca de la Fundación Tinker, 1981 y Beca del National Endowment for the Arts, 1983[1].

Puro amor

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¡Todo era amor… amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor. Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre. Amor de cartón piedra, amor con leche… lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas. Amor con una gran M, con una M mayúsculo, chorreando de merengue, cubierto de flores blancas… Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso… Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardiacas y telefónicas. Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y ensalada…

Oliverio Girondo citado por Gustavo Sainz
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 155