Misión cumplida

Retornó adonde su padre lo llamara.

—Tardaste un poco —dijo el hombre de barba canosa y de un millón de años—. ¿Cómo te fue en la chamba?

—Bien, bien… Nada novedoso —respondió mientras restañaba aquellos estigmas sobre las palmas de sus manos eternas.

Eduardo Osorio
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 55

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