Justicia

—Después de todo —reflexionó el verdugo —, Sherezada merece morir: ella inventó las telenovelas.

José Luis Zárate Herrera
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 64

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Usos y costumbres

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Cuando un emanglón respira mal, prefieren que deje de existir. Piensan que por mucho que haga ya no podrá alcanzar la verdadera felicidad. El enfermo por efecto de la simpatía natural entre los hombres, no hará sino perturbar el sistema respiratorio de toda la ciudad.

Y así, sin llegar a enfadarse, lo estrangulan.

En el campo, como son bastantes toscos, se ponen de acuerdo entre unos cuantos y una noche cualquiera van a su casa y le estrangulan.

Henri Michaux
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 62

Carrera de caballos

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En la corte del príncipe de Tchi eran muy apreciados los concursos hípicos. Cada apostador competía con tres caballos de categorías distintas contra tres de su contrincante, en tres carreras. Resultaba ganador quien ganaba más carreras.

Cierto día el príncipe apostó mil piezas de oro contra los caballos de Tien Chi, pero éste dudó aceptarla, hasta que su asesor, Sun Pin, lo convenció de participar asegurándole que lo haría ganar y salvar su honor.

El día de las carreras Sun Pin dispuso el orden en que debían salir los caballos de Tien Chi. La primera carrera fue ganada por el príncipe, pero las otras dos por Tien Chi.

Tien Chi, contento, por su triunfo le preguntó a Sun Pin cómo lo había logrado, y éste respondió: “Fue muy difícil. Mientras que en la primera carrera, como es la costumbre, el príncipe puso a su mejor caballo, yo pude al peor de los tuyos. En la siguiente carrera, como es costumbre, el príncipe puso su caballo de segunda categoría; y yo al de primera. Y en la última él puso al de tercera categoría; y yo al de segunda. Eso es todo”.

Sun Pin
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 61

La madre impostora

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Dos hermanos, en Yingshuan, compartían una casa con sus respectivas esposas. Las dos mujeres esperaban dar a luz en una misma fecha, pero la mayor tuvo un aborto y a nadie se lo dijo. Las futuras madres fueron confinadas juntas para que dieran a luz, y cuando nació el hijo de la menor la otra lo robó.

Pasaron tres años y la mujer menor, acongojada, seguía pidiendo la devolución de su hijo, pero la otra no cedía para nada. Hasta que el caso fue llevado al ministro Huang Pa.

Huang Pa ordenó que el niño fuera puesto a diez pasos de las dos madres y que, a una señal suya, fueran por él. Cuando ellas tomaron al pequeño se lo disputaron con tal coraje que parecía que lo iban a destrozar. El niño lloró dolida e inconsoladamente. La mujer menor, temiendo por la vida del infante, lo soltó.

La impostora, llega de satisfacción, dijo; “Lo gané porque es mío”. La madre verdadera se sumió en la tristeza más profunda.

Entonces Huang Pa sentenció: “El niño pertenece a la menor, puesto que prefirió soltarlo para que no muriera”.

Yin Shao
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 60