La queja

Oh Dioses, me ofrecí por esposa del sultán para salvar a las mujeres del reino de morir decapitadas después de una noche con él, que cree que en la variedad está el gusto; y dediqué años de mi vida a hilar fabulosas historias que lo distraerían hasta que acabara por amarme a mí y a nuestros hijos, pero, oh Dioses ¿por qué no me dijeron que el sultán es sordo?

José Luis Zárate Herrera
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 95

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