El sobreviviente

Yo fui el único en advertirlo, y a pesar de haber luchado tanto por enterar a cuanta gente encontraba, nadie quiso creerme. La mayoría se reía de mí y, quien más, continuaba su camino sin siquiera escucharme. Dijeron que el cielo no tenía nada de particular, que mi idea sobre la masa de smog era absurda y cuando vieron caer la piedra: fue demasiado tarde

Fernando Ruiz Granados
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 128

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Agencia ANSA

ANSA

ANSA

La Agenzia Nazionale Stampa Associata (mejor conocida por sus siglas ANSA) es una agencia de noticias italiana fundada el 15 de enero de 1945. Es una cooperativa formada por 36 socios, editores de los principales diarios de ese país.

Actualmente, ANSA es una de las principales agencias de prensa del mundo y la mayor de Italia, ya que cuenta con 22 oficinas en Italia y otras 81 distribuidas en 74 países, que producen más de 2.000 notas al día. Merced al acelerado desarrollo de las telecomunicaciones en los últimos años, ANSA ofrece hoy servicios informativos con audio y video en Internet y a través de teléfonos móviles.

La sede central para el servicio latinoamericano (en español) se encuentra en Buenos Aires[1].

Rosas rojas para Edgar Allan Poe

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ANSA, Washington, 19 de enero.- Habría cambiado este año el desconocido que, tal como ocurre ininterrumpidamente desde hace 39 años, también esta madrugada, hacia las 2:30 (local), puso tres rosas rojas —en el aniversario de su nacimiento— en la tumba del escritor “maldito”, Edgar Allan Poe, en la iglesia de Westminster, en la ciudad de Baltimore. Bebió en su honor un sorbo de cognac y dejó luego la botella semillena sobre la lápida de su tumba. Jef Jerome, el guardián de la casa de Poe, dijo que este año el desconocido apareció más joven y no tenía, como en los últimos años, crecientes dificultades para caminar. (Otras tumbas que reciben rosas rojas son las de Rodolfo Valentino y Marilyn Monroe).

Agencia ANSA
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 121

Miedo

De un salto el gato le cortó el paso y le suspendió la vida (poniéndosela en un hilito) al ratón. Lo natural, lo normal, lo lógico, hubiera sido que el ratón, dando marcha atrás, o sacándole la vuelta, huyera. Pero no, ahí se quedó, inmóvil, como buscando la muerte.

El gato levantó la zarpa de afiladas garras; un solo segundo bastaría para segar la vida del infeliz ( ) roedor. No vio miedo, ni pavor, no vio nada… sólo un ratón que no reaccionaba como los demás. —Pinche loco, (pensó el gato), dándose la vuelta.

José Antonio Medina Islas
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 107