El náufrago y el caracol

Náufrago en una isla desierta, cercado por la desesperación como por un mar de aguas trastornadas, el hombre tomó el enjoyado caracol de sobre la arena. En su primer crepúsculo de abandono, se lo llevó a la oreja y escuchó: sirenas de barcos que podrían salvarlo, chillidos de gaviotas, la canción de una dulce ballena, el eco de sus gritos de ese día, angustia de náufragos en islotes semejantes al suyo, rumor de orquesta en cruceros transoceánicos, el sonido de un delfín llamando a su cría, blasfemias de marinos borrachos, loros repitiendo versículos de la Biblia, canciones de mar en español antiguo, choque de escudos normandos, comerciantes fenicios recitando a gritos el alfabeto a los peces, pruebas nucleares en atolones de coral, guerras de barcos chinos fabricados con papel, el silbato del capitán Graff von Spee, el romance enigmático que hechizara al conde Arnaldos, y el canto de las sirenas que la armonía del mar modulaba, dejándolo en una escala más soportable. Extenuado, bajó el hermoso aparato y lo tendió sobre la arena. Sólo en el espacio numeroso y el trafago de los siglos, consumido en el centro de los sucesos fáusticos, el hombre se preparó a morir. Rechazaba el rescate, después de haber rescatado él mismo al mar en la urna fatigada del caracol.

Alfredo García Valdez
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 136

Sábanas

Jonás las usó como velas de su embarcación el día que fue tragado por una ballena. Abraham vistió a su pueblo con ellas y fueron símbolo de moda y status entre griegos y romanos. En el Medioevo, las princesas solían unirlas y esperar impacientes a que el galán en turno, se sirviera de ellas para escalar la torre y pasar una noche de amor apasionado. La iglesia tiene una que es muy venerada, y en otras épocas eran exhibidas como testimonio de la virginidad en las recién casadas. Por siglos han sido refugio de pecadores y de amantes, de la unión marital y baño para nenes en edad de incontinencia. Son la estrella principal de las películas eróticas, el regalo ideal en las despedidas de soltera, la indumentaria favorita de los fantasmas; han tapado muertos, ventanas, mesas y pianos. En fin, las sábanas tienen un pasado tan vergonzoso, que nos hemos visto obligados a inventar toda clase de cobijas y colchas para esconderlas.

Lorella Leonetti DN
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 135

Quién podrá despertarme

Tinieblas… Tiempo… Sueño. Aquí estoy persiguiendo las sombras de la realidad que se evaden por entre los nublosos túneles de mis recuerdos. Y esa imagen de la mancha roja que fluye desde arriba baja, deslizándose viene hasta mí, y me absorbe. Sueño: espectro umbroso de mis ancestrales orígenes; pretéritos acopiados de mutismos, de defecaciones de sapos y reptiles; de ruidos de cadenas, de gritos, de gemidos; de vómitos de escorpiones que copulan en mi garganta: ¡que felicidad de dolor! Y yo aquí aguardando, asomándome en el sueño sólo por entre las hendiduras oscuras de mis sueños: sueños del sueño gigante, somnolencia incómoda nostálgica. Si alguno de ustedes pudiere venir a despertarme, trozar el hilo de mi letargo y dejar entrar el rayo negro de mi espiritualidad; volvería otra vez, como hace muchos siglos allá en aquella aldea africana, a ocupar este fardo inerte y frío; a volar libre por los vacíos de la noche en busca del néctar que sustente a mi existencia… Si alguno de ustedes pudiera navegar el inmenso y silencioso mar, escalar hasta el pináculo del promontorio; luego entrar al castillo y abrir la tapa del féretro en donde reposo… Si pudiere alguno de ustedes desenterrarme el estorbo que me aprisiona y mantiene dormido. Si quisieras tú: sí, tú: el que me oyes, al que le llega mi voz. Te juro que te daría lo que desearas: quizás la vida eterna, el poder de volar, el de la invisibilidad, el de la clarividencia, el del hipnotismo, el de la metamorfosis, el de la telepatía, o serías el dueño de los inmensos tesoros que se ocultan dentro de mis sótanos. Eso y mucho más si te decides a venir y despertarme. Te mostraré todos los rincones de estos mundos, seré tu guardián y tu guía…

Juan Carlos Chimal
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 131

Ebrias

Las mariposas al volar lo hacen muy erráticamente debido al néctar que beben en las flores. El néctar las mantiene embriagadas de manera permanente. Las personas de aguda capacidad auditiva refieren que en el silencio es posible escuchar el leve sonido de su hipo a cada desviación en la trayectoria de su vuelo.

Jesús Ortega
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 133