Snobismo

105-106 top

Había una vez una princesa de ropa Christian Dior que se enamoró de un príncipe de moto Kawasaki, hicieron construir su casa con vista a Perisur, se casaron y fueron muy infelices.

Bernarda Solís
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 150

José Luis Velarde

José Luis Velarde

 

José Luis Velarde

(Ciudad Victoria, Tamaulipas, 1956)

 Es un escritor mexicano que ha desarrollado su labor en diversos géneros literarios ganando varios premios. Entre 1985 y 2003 fue codirector de la revista literaria A Quien Corresponda, ganadora de 5 premios por la mejor publicación independiente en México (Premio Nacional Tierra Adentro 92-93 y 93-94 – Premio Nacional Edmundo Valadés 96-97, 98-99 y 99-2000). Además es miembro de la Asociación Mexicana de Ciencia Ficción y Fantasía y pertenece al directorio de las revistas tamaulipecas Mar Abierta y Umbrales.

Formó parte del comité organizador de seis ediciones del Festival Letras en el Borde en coordinación con el Ayuntamiento de Nuevo Laredo, Texas A&M Internacional University, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y otras instituciones desde 1998 hasta 2003. En el pasado diversificó su labor a otros campos como la enseñanza o el mundo radiofónico. Fue director de operaciones del Sistema Estatal Radio Tamaulipas y Director de Radio Universidad Autónoma de Tamaulipas.

Velarde asistió al Colegio de Escritores de la Frontera Norte durante 1999. Participó en talleres literarios impartidos por escritores de renombre como Edmundo Valadés o Rafael Ramírez Heredia, entre otros. Asistió a diversos talleres de producción radiofónica impartidos por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; y a un ciclo sobre cine mexicano con el maestro Tomás Pérez Turrent.

Diversos trabajos de su autoría han sido publicados en revistas, páginas virtuales y antologías mexicanas e internacionales. Entre sus libros se pueden citar: Deambulaciones, La crónica ignorada del hombre, A Contracorriente, la historia del rock 1954-1994, Ento, Nos quedamos sin nosotros y En busca del Nuevo Santander[1].

Ojo por ojo

“…Tu y yo
coincidimos en la noche terrible
meditación temática
deshojada en jardines…”
“Prisma” Manuel Maples Arce

Despierto en un alarido. Tras unos segundos me incorporo a la realidad. En la pesadilla, el vecino disparaba contra un gato lleno de gargantas y afuera se siguen escuchando los maullidos. Sin pensarlo dos veces salgo en su busca, dispuesto a investigar.

El gato está al fondo del jardín, semioculto por las ramas de los claveles. Ante mi aparición, maúlla temeroso. Para que se confíe, imito su maullido. Él contesta muy quedo. Sin dejar de mirarlo, me acerco. Cuando quedamos frente a frente; me impulso con fuerza, lo atrapo del cuello y no sin grandes dificultades, lo mato. Ante su cadáver, gritó una y otra vez en el festejo de mi triunfo.

Me interrumpo un disparo. Al sentirme herido, recuerdo al otro protagonista de mi sueño: quien ahora mismo, desde la azotea de la casa contigua, maldice a los fantasmas que inquietan sus noches y dispara su rifle cargado con balas de plata.
Ni siquiera hay escapatoria. Sé que voy a morir y me estremezco antes de recibir el último balazo.

Despierto en un maullido.

José Luis Velarde
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 149

Por lo menos

El primero, un güerito con cara de nazi (y yo con mi cara de Woody Allen) me chingó el ombligo, dizque para componerme una hernia umbilical. El segundo, como quien despacha helados a cucharadas, sacó de mi pecho dos malignos tumores color vainilla y pistache (en dos ocasiones, el cabrón). Tres años después abrió de un tajo mi panza para arrancarme la matriz; terminando ésta en la basura como un globo desinflado después de la fiesta. El toque final lo dio el “ingeniero urbanista” cuando arrasó con lo que quedaba del pequeño cerrito del seno derecho. Aplano la tierra de mi piel y lo dividió en dos con una cerca de alambre de púas, igualitos a los que tengo en otras partes de mi cuerpo.

Mis cirujanos me han despojado de tanto territorio que si antes me sentía continente ahora me he vuelto una pinche isla. Y lo que de mí fue campo ya es desierto, superficie lunar.

No le hace. Confío en que mi derrota jamás será total. Moriré por lo menos con las nalgas puestas.

Molly Chirinos
No. 105-106, Enero-Junio 1988
Tomo XVII – Año XXIII
Pág. 140