… de Rogelio Ramos Signes

La generosidad de dos maestros

Conocí la revista “El Cuento”, de México, en casa de mi amigo el escritor rosarino Elvio E. Gandolfo. Él me regaló algunos ejemplares que tenía repetidos, o que no le interesaban tanto. Era el año 1973 y me sugirió que mandara algunos textos míos para que allí los consideraran.

Lo cierto es que escribí, pero para preguntarles si podían enviarme la revista, ya que en Argentina no se conseguía. En verdad fueron muy amables y comenzaron a mandármela.

Tiempo después les envié un cuento de un par de páginas. Tengo un muy vago recuerdo de cómo era, porque algún tiempo después lo tiré. Creo que se trataba de una araña que caminaba sobre las páginas de un libro de Historia mientras tejía su tela; de esa manera iba engarzando un hecho con el otro hasta crear la verdadera trama que unía el pasado con el presente. Por lo visto era bastante pretencioso y, seguramente, estaba muy mal escrito.

Edmundo Valadés, director de “El Cuento” tuvo la amabilidad de contestarme que esa narración no tenía el perfil que buscaba la revista. Estoy seguro de que era una manera elegante de decirme que mi texto era malísimo, pero me instaba a que le enviase otros cuentos cuando lo creyera oportuno.

Eso fue lo que hice algunos meses después: le envié cuatro biografías ficticias, en las que jugaba con la fantasía y el absurdo. Grande fue mi sorpresa cuando don Edmundo me respondió que las cuatro historias le habían gustado mucho, que pensaba publicarlas, no para rellenar alguna página sino dándole el espacio que se merecían: cuatro páginas (una para cada texto) en el número de agosto-septiembre de 1974. Además me contaba que Juan Rulfo (uno de los integrantes del consejo de redacción) había sido muy entusiasta al considerar que mis textos “le recordaron a las ‘Vidas Paralelas’ de Marcel Schwob y a algunas miniaturas de Borges”.

No lo podía creer. Por aquellos días ya había leído tres veces “Pedro Páramo”, había escrito para la facultad una monografía sobre un par de cuentos de “El llano en llamas”, y nada menos que el propio Rulfo opinaba eso de mis balbuceos literarios.

En fin, yo tenía 24 años y solamente había publicado poemas sueltos en diferentes revistas muy modestas, de Rosario, de Buenos aires y de Tucumán.

Desde México tuvieron la gentileza de enviarme no uno, sino dos ejemplares de aquel número, así que uno de ellos circuló largamente entre amigos y no tanto, hasta desaparecer. El otro está encuadernado junto a diferentes números salteados en uno de los tres volúmenes de “El Cuento” que hay en mi biblioteca.

A fines de 2009, cuando se publicó mi libro de microrrelatos “Todo dicho que camina”, no pude menos que dedicárselo a los señores Edmundo Valadés y Juan Rulfo; obviamente, in memoriam.

Rogelio Ramos Signes(Circa,1975)Rogelio Ramos Signes (circa 1975)

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