Códice Ramírez

Códice Ramírez

El Códice Ramírez

El Códice Ramírez (o códice Tovar) es el nombre que se le da a dos manuscritos independientes de México central posteriores a la conquista. En realidad son dos versiones manuscritas de un mismo texto: una se conserva en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia; la otra, en la Biblioteca John Carter Brown,[1] de Rhode Island, y contiene algunas láminas ilustradas.

En general, cuando se habla del «Códice Ramírez» la referencia es el manuscrito de 1587 de Juan de Tovar. El nombre completo del documento es Códice Ramírez. Relación del origen de los indios que habitan en la Nueva España según sus historias. Su publicación más reciente de forma aislada fue en 1975 por la SEP; Editorial Porrúa la publica como apéndice a la obra de Tezozómoc Crónica mexicana.

El documento fue elaborado con técnica indígena y descubierto por José Fernando Ramírez en 1856. Se divide en cuatro manuscritos que narran la historia de los mexicas, desde su peregrinación al Valle de México hasta la caída de Tenochtitlan, y refiere algunos aspectos de la religión mexica.

Es una variante con discordantes temporales, es decir, maneja una cronología diferente a la «oficial». Primeramente ubica a la ciudad de Aztlán en Nuevo México (Estados Unidos). Marca la salida en el año de 820 y llegan a la región central en 902.

Las siete tribus que menciona son éstas: tepaneca, tlaxcalteca, xochimilca, chalca, colhua, tlalhuica (sic) y la mexicana. De esta última aclara que su nombre proviene de su «caudillo-guía» Mexi; además sobresale la mención de que lo primero que hacían al llegar a cada población nueva era construir.

Salen de Tula en 1168 para desplazarse a Coatepec, movimiento contrario al mencionado en la mayoría de las fuentes. Menciona el capítulo de la represa mágica en Coatepec y la muerte de los opositores (variante del mito del nacimiento de Huitzilopochtli).

Menciona la estancia en Chapoltepec, siendo ambigua y poco clara la participación de Copil y la posterior muerte de Huehue Huitzilihuitl.

Otros datos interesantes son la entronización de Acamapichtli y la fundación de México al mismo tiempo en 1318. También dice que Huitzilíhuitl comenzó a reinar en 1359.

A pesar de su cronología es un documento importante, pues algunos datos contribuyen a entender y establecer la verdadera historia del origen de los mexicas[1].

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Divorcio azteca

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Si acaso se vinieren a descansar (como era costumbre entre ellos en no levándose bien), hacían partición de los bienes conforme a lo que cada uno trajo, dándoles libertad para que cada uno se casase con quien quisiese, y a ella le daban las hijas y a él los hijos; mandábanles estrechamente que no se tornasen a juntar so pena de muerte, y así se guardaba con mucho rigor.

Códice Ramírez
No. 19, Diciembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 654

Emanuel Swedenborg

Emanuel Swedenborg

Emanuel Swedenborg

(1688-1772)

Científico y místico sueco, conocido como visionario e inspirador de la iglesia Nueva Jerusalén, que todavía goza hoy de prosperidad. Siguiendo a Descartes y Newton, dedicó la primera etapa de su vida al estudio de las ciencias naturales. Asesor del Instituto mineralógico de Estocolmo, publicó las obras: Opera philosophica el mineralia (1734), De economía regni animalis (4 volúmenes, 1740-41, 1747) y Regnum animale (1747). En estas obras estudia particularmente las relaciones entre cuerpo y alma.

A partir de 1736 entra en una profunda crisis religiosa, debida a visiones, alteraciones de la personalidad psicosomática, coloquios con los espíritus del más allá, y cree que Dios le encomienda una nueva interpretación de las Sagradas Escrituras. A esta empresa dedicará la segunda parte de su vida, plasmando toda su experiencia en voluminosas obras, la más importante de las cuales, Arcana coelestia, será irónicamente criticada por Kant en Sueños de un visionario explicados con los sueños de la metafísica (1766). El pensamiento teosófico-espiritualista de Swedenborg se remite a la tradición neoplatónica: el mundo es la infinita emanación del espíritu divino, y está poblado y recorrido por seres sobrenaturales angélicos y diabólicos. El hombre (que es una imagen del universo completo, en pequeño) es libre de escoger entre estos espíritus del bien y del mal, y su perfeccionamiento espiritual continuará incluso después de la muerte del cuerpo y según el carácter de cada individuo. Swedenborg escribió también De nova Hierolyma (1758) y Vera christiana religio (1771)[1].

Infernal

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Es imposible describir las caras de los réprobos, si bien es cierto que las de aquellos que pertenecen a una misma sociedad infernal son bastante parecidas. En general son espantosas y carecen de vida, como las que vemos en los cadáveres; pero algunas son negras y otras refulgen como antorchas; otras abundan en granos, en fístulas, en úlceras; muchos condenados, en vez de cara, tienen una excrecencia peluda, u ósea; de otros, sólo se ven los dientes. También los cuerpos son monstruosos. La fiereza y la crueldad de sus mentes modelan su expresión; pero cuando otros condenados los elogian, los veneran y los adoran, sus caras se componen y dulcifican por obra de la complacencia.

Debe entenderse, sin embargo, que tal es la apariencia de los réprobos vistos a la luz del cielo, pero que entre ellos se ven como hombres; pues así lo dispone la misericordia divina, para que no se vean tan aborrecibles como los ven los ángeles.

No me ha sido otorgado ver la forma universal del Infierno, pero me han dicho que de igual manera que el Cielo tiene, en conjunto, la figura del hombre, así el Infierno tiene la figura del Diablo.

Emanuel Swedenborg, en De Coelo et Inferno
No. 19, Diciembre 1966
Tomo III – Año III
Pág. 650