Una verdadera herramienta de trabajo

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Los que conocieron al cerrajero Petit Lorrain alababan su genialidad. Había nacido para hacer manos postizas perfectas. Eran herramientas prodigiosas; tenían en su interior mecanismos que fueron precursores del reloj. Si el usuario iba a entrar en combate, antes de empuñar la espada le bastaba darle cuerda al pequeño motor y dejar una pequeña flecha frente a un número determinado. Sus movimientos más famosos eran: 1) posición antojadiza para abarcar el seno completo de una adolescente. 2) posición correcta para orinar sin peligro de mancharse la ropa. 3) posición flexible para subirse los pantalones antes de que llegara el marido de la señora del admirador del héroe.

Alfonso Alcalde
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 143

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