El principio

El principio nació una tarde que no existía y se cegó con la luz, que era hermana de las sombras y pensaba estrangularla para siempre.

El principio se sentó en el infinito a bostezar, a pensar en el tiempo que por las noches se distraía pintando arrugas a las aguas y dibujando números de siglos.

Después todos durmieron y comenzó a girar la tierra y rodó en el infinito y en el tiempo y se plegó de luz y de tinieblas y se bañó desnuda con las aguas.

Esto sucedió aquella noche inmensa en que Dios lloró en silencio al contemplar que estaba solo y nos regaló la angustia y la conciencia, los colores y el perfume, y nos barnizó de mentiras y sonrisas y nos cubrió de maldad, de llanto y con el bochornoso interrogante de la muerte.

(Seguí soñando a gritos y a mordidas y desperté receloso en aquella blanca camilla que me llevaba al manicomio).

Holmes Ocaña González
No. 68, Enero-Marzo 1975
Tomo XI – Año XI
Pág. 170

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