La palabra

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Caminé unos trescientos metros contra el viento helado y la niebla amarillenta, sólo para encontrar cerrado el estanco. Dirigí mis pasos hacia un café próximo, en donde estaba seguro de hallar un poco de calor, de música y, sobre todo, de cigarrillos, objeto de mi salida. Recorrí dos calles más, tiritando cuando de pronto sentí –no, no sentí, pasó-, rauda, la palabra. Lo inesperado del encuentro me paralizó por un segundo, bastante para darle tiempo a la noche. Repuesto, alcancé a cogerla por las puntas del pelo flotante. Tiré desesperadamente de esas hebras que se alargaban hacia el infinito, hilos de telégrafo que se alejan irremediablemente con un paisaje entrevisto, nota que sube, se adelgaza, se estira, se estira… Me quedo sólo en mitad de la calle, con un pluma roja entre las manos amoratadas.

Octavio Paz, en ¿ÁGUILA O SOL?
No. 10, Marzo-1965
Tomo II – Año I
Pág. 164

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