Lucero Alanís

Lucero Alanís

Lucero Alanís de Gurrola

Durango (México), 1947

Reside en Guadalajara (México). Licenciada en Derecho. Presidenta de la Asociación de Clubes del Libro (1999-2000). Prosista. Fundadora y directora de la revista de literatura “Amoxcalli”. Poemarios publicados: “Tarde en el tiempo” (1999), “Desierto de azul nativo” (2002), “Gualbet en el sueño de otros” (bilin. 2003)[1]

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El diablo

—¡El diablo! —gritó el hombrecillo.

Todos lo vieron. Ahí estaba él, con piel ajada y quemada, ojos saltones, negra barba en pico, cuernos de cabra, sonrisa malévola, capa roja que dejaba al descubierto sus piernas peludas.

Viejos, jóvenes y niños bajaron inmediatamente la mirada. Lupe suspiró; la abuelita sintió un escalofrío; Pancito se rascó la nuca; los demás sólo movieron la cabeza de un lado a otro.

—¡Lotería! —exclamo Marianita, al mismo tiempo que asentaba un frijol en la carta.

Lucero Alanís
No. 125, Enero-Marzo 1993
Tomo XXII – Año XXVIII
Pág. 15

Günter Petrak

Günter Petrak

Günter Petrak

Nombre completo: José Günther Petrak Romero

Lugar y fecha de nacimiento: Puebla, Pue. 10 octubre 1958

Como autor ha publicado artículos y ensayos  en revistas nacionales e internacionales (un par de sus ensayos han sido traducidos al inglés y al hindú y recientemente uno de sus poemas ha sido publicado en italiano) además de tres libros de cuentos (“El mar azul de sus ondulaciones”, “Para leer la tarde” “Los hombres de maíz y otras historias”), una novela (“Ciudad de otros”) y un libro de texto sobre Redacción que ha vendido más de ocho mil ejemplares. También tiene en imprenta una nueva antología de cuentos: “Eros desarmado”.

Fue becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes 1998 y ha obtenido reconocimientos en varios concursos de cuento a nivel nacional. También aparece en diversas antologías del género[1].


[1] Datos enviados por el propio Günter Petrak

El juicio

El juicio se internó por un inexplorado territorio dialéctico de argumentos y contraargumentos, de criterios y anticriterios, donde los códigos morales fueron anatemizados acaloradamente por unos y defendidos con furia por otros. Todos se creían poseedores de la verdad, de modo que poco era de extrañar que el debate desembocara en una ardorosa confusión. Así, llegado el momento del veredicto, nadie supo quién era más culpable: el maniático que ocultaba su impudicia debajo de la gabardina, o el juez, que exhibía llanamente su pudor…

Günter Petrak Romero
No. 125, Enero-Marzo 1993
Tomo XXII – Año XXVIII
Pág. 9